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Textos rescatados de Usenet: miscelánea.
"El tiempo de los trenes" Fernando Fernán-Gómez
Entre que me metía o no me metía con el primer tomazo de lo del sueco (que al final me he metido y llevo ya ¾ partes del volumen), se me presentó ante la pantalla este título de Fernando Fernán-Gómez, y quieras que no, ya fuera por retrasar el echarle las gafas al libraco y el darle otra oportunidad al eximio actor junto con lo breve de la obra, me decidió a leerla. También, la inmediatez que representa tenerla almacenada en el lector electrónico, sea todo dicho.

La cosa tenía su aquél dado que la única novela que leí de Fernán-Gómez —"El mar y el tiempo"— no me gustó nada. En ella me encontré con una forma de narrar, un estilo si se quiere llamar así, que también era el mismo empleado en sus colaboraciones periodísticas y que me cansaba, me aburría. Una manera de ir dando rodeos para explicar algo tal vez baladí. Demasiadas puntualizaciones, demasiados circunloquios, demasiadas comas separando simples palabras, demasiado frenar el discurrir de la lectura. Para mi congoja, fue el mismo estilo que encontré en el largo prólogo que antecede a esta "especie de novela" como la llama el mismo autor. Pero el ánimo de encontrar tal vez allí parecidas satisfacciones a las que me produjo su memorable película, "El viaje a ninguna parte", pues el libro trata de compañías teatrales y sus peripecias, me animó a seguir. Ahora puedo decir que fuera del prólogo, la especie de novela "El tiempo de los trenes" (su última narración, 2004), me ha resultado una lectura deliciosa, absorbente y, por supuesto, recomendable.
"Los príncipes valientes" de Javier Pérez Andújar
Señora, caballero...

Si es Ud. de los que consideran estimable la lección literaria de Umbral, si por otro lado gusta del lirismo del escombro y el jaramago y además goza del plus generacional de saber quién era el Trampas, o Pan Tau o doña Sinforosa de Higueruelo e item más, conoce qué personaje se tocaba con un Stetson Tyrol, modelo 7b, talla 7 y 3/4... No busque más. Su novela para este verano es "Los príncipes valientes" de Javier Pérez Andújar. Ok. Memorialismo infantil. Pero no se asuste porque en sus páginas no encontrará nostálgicos cantos por la isla de dicha perdida, ni llorera alguna por el tempus fugit sino el inventario en tonos grises del número de zapatas que conforman la cimentación iconográfica del autor, aunque ya puestos, ¿por qué no consignar unas trencas y unas huelgas y unas charnegas gorras de pana a la orilla del chocolate líquido del río Besós?
Lo dicho, solicite hoy mismo "Los príncipes valientes" a su librero habitual y rechace imitaciones.
Breves minicuentos sobre al amor con seis letras-
Ardía; no era amor, sólo fiebre.
Tuvo un solo amor; la madre.
Amar es dañino para los ingenuos.
Al principio creyó amarla, después reflexionó
Cuando vio escarpines sacó el pasaporte.
Siempre silbaba, cuando la vio chifló.
Muerta su mujer empezó de nuevo.
Conocerte fue una muy agradable ocasión.
Ambos tenemos defectos pero seguimos amándonos.
Amarse es arduo pero no importa.
Amor; un "solitario" con treintainueve barajas marcadas..
Amor; una "Rayuela" con "Cielo" abierto.
Todo amor tiene una noche inolvidable.
Con paciencia y tolerancia cocinamos amor.
Se me recalcó fuleramente la musa amatoria.
Ha pulsado usted el botón de ayuda?
Supongo que habrá alguno más veterano que el que subscribe que podrá enviarte un resumen del origen -impregnado en brumas de bytes y votaciones genésicas- de este grupo y su posterior transformación en un foro donde, a veces, se discute de literatura. En este foro se ha utilizado comúnmente la expresión "patio" para denominar este foro y varios son los que han escrito varias semblanzas al respecto (siempre con la intención de lograr una pronta y fácil identificación más que un perfil preciso). Ofrezco mi visión.

Este grupo es como unos cuantos de esos huertos pequeños que crecen en las espaldas roñosas y abismales de las ciudades, terrenos "okupados". Pequeños superficies cultivables iguales entre sí y bien distintos, con su vallita, su funcional choza mal armada y su orgullo -que no falte, por favor- en los frutos obtenidos. Un poema, por ejemplo, es una hortaliza que pretende rasgar las cuerdas de tus tripas; un relato puede ser una fruta refrescante con matices en todas sus capas; un comentario puede ser una hierba para echar al perolo o para llevarla a los labios inquietos buscapalabras. La magia del medio consiste en que nos acodamos a las vallas de todos los contertulios y ellos se asoman también a nuestro terruño. Muchos miran, es decir, miramos, y algunos se animan a comentar. Nos gusta tapar la repetitiva música clásica del hilo musical gritando más que entonando "paquito el chocolatero".
Invisible, Paul Auster
James Freeman, afamado escritor, recibe de parte de un antiguo amigo, Adam Walker, el manuscrito de unas memorias que recogen varios episodios acontecidos en 1967, cuando era un joven estudiante que se movía entre Nueva York y París. Estas páginas autobiográficas, que Walker organiza en capítulos titulados primavera, verano, otoño. sí, sí; como una pizza Cuatro Estaciones o las musiquillas esas del Vivaldi, son el grueso que conforma la última entrega de Paul Auster, o sea, la novela "Invisible".

Ciertamente, tras las decepciones que supusieron tanto "Viajes por el scriptorium" como "Un hombre en la oscuridad", la nueva novela recupera esa especie de austeriano espíritu perdido que tanto echábamos en falta los seguidores del escritor de Newark. Entretiene, seduce e intriga -y finalmente, nos hace un poco más solitarios-, adentrándose por demás en terrenos que, al menos para servidor, representan una novedad en la escritura de este hombre: el sexo y algunas de sus más inhabituales variaciones. Y hasta aquí puedo leer para evitar despachurramientos (Hooola, Zinn ;-)
jazminero otoñal
Puede que la bonanza, ese subidón de temperatura del finde cause despiste al enterado de todo. Puede que moleste a la santa la rebeca y que el jersey del paseo vespertino estorbe más de la cuenta. Pero sí. Estamos a fines de octubre y las hojas de árboles e hiedras empiezan a alfombrar de oro los suelos de calles y terrazas. Tenemos ya las castañas asadas, y me temo que reine, de verdad porque que soy xemófobo, el jayovín importado de yanquilandia con calabaza y todo, asomando su cursilería a las puertas de noviembre. ¡Con lo bonito y tan nuestro que es decir “castañadaâ€!. Y que no se olvide la bebida acompañante, si es vino mejor que esa sustancia hecha con agua adulterada, endulzada y malbebida y que me niego a nombrar por aquello de la lealtad a un buen caldo de cualquiera de las zonas españolas pero con preferencia el Priorato o la Rioja. Pero hay otro síntoma otoñal y a él me aferro y destaco. Al menos en la terraza orgullo de mis sueños floridos, donde desafía la estación de hogaño un limonero engañado que saca ahora sus flores primaverales y donde el jazmín está dando sus últimos brotes de intenso aroma. Este sí que es síntoma para sacar el chaquetón, poner una manta en la cama y preparar el “foc a terra†en el el salón de estar. Que ha sido un verano-otoño excepcional para el jazminero desde junio, todos los días imponiendo su ley inimitable en olores y en constancia. Y acabo con unos versos que vienen como coda final: Cuando llegue la primavera--si yo estuviera muerto--las flores florecerán de la misma manera--y los árboles no serán menos verdes --que la primavera pasada; la realidad no me necesita

© lope | publicado en LA MAÑANA, 27-10-2009
La soledad de los números primos, Paolo Giordano
"...Y Alice sonrió pensando que quizá aquélla sería la primera media verdad de los esposos, la primera de las pequeñas grietas que se crean entre dos personas por las que tarde o temprano la vida introduce su ganzúa y hace palanca."

Queridos feligreses, tras este introito, debo explicar que llegué a esta novela por el expeditivo método que tanto facilita el lector electrónico, quiero decir, el piscinazo. Método que cuando depara sorpresas como ésta, a nada puede igualarse. Alguien -¿mi hermana, mi cuñado, mi amante bielorrusa la Gran Duquesa Svletana?- la había insertado en la tarjeta SD y su título, entre el marasmo de otras decenas, me llamó la atención: "La soledad de los números primos". Bello. Junto con el nombre del desconocido autor era cuanto sabía de la obra. Ha sido después cuando me he enterado que es un galardonado éxito editorial y que se vende como churros en los comercios del ramo... o sea, como la trilogía del sueco. ¡Ay!, nunca entenderé nada.
Los Anales de Gaula: No se divierte quien no quiere, presumo. ¿O es, por supuesto?
En muchos lugares de Gaula todavía se desconfía de los que aparecen con traje, muy bien vestidos, si ocurre fuera de bodas, bautizos o funerales. Es un recuerdo cultural del antiguo ruralismo del viejo reino. Algo se ha perdido en las ciudades de esa prevención, pero parece como si en España nunca hubiese existido, aunque hay que reconocer que uno no se divierte si no quiere allende las montañas.

Porque díganme si no es divertido ver al presunto, el señor Camps, acusar a su oponente socialista de tener deseos de imitar a sus correligionarios del 36 al 39, con sus checas y esas cosas. ¿A que político de izquierdas se le ocurriría hoy en día confundir a la derecha actual con la del 36? Y lo de presunto lo digo con todo el respeto, que viene de presumir igual que presumido, el sinónimo de presuntuoso, que tanto vale para supuesto como para orgullo y presunción, aunque en este último caso sea uso antiguo y casi olvidado.
Los hombres que no amaban a las mujeres, Stieg Larsson
Empecemos con unos adjetivos:

Impresionante, insólita, inefable, asombrosa...
Los rebeldes, Sándor Márai
En momentos reseñeantes como éste, en que me entra al copo una novela de Sándor Márai de tan especiales características, me gustaría convertirme en el amigo Coppelius y redactar una reseña tal como esta obra merece (y necesita de sus conocimientos). Ante la imposibilidad del caso opto por servirla a pildorazos, técnica que posee para todos la ventaja de ser ligera de leer y, más todavía para servidor, de redactar.

-"Los rebeldes". Novela de 1930, remozada en 1988. Un año antes de su suicidio. El autor consideraba su obra magna los volúmenes dedicados a la dinastía de los Garren: "Los rebeldes", "Los celosos", "Los ofendidos".
En imágenes
Breves
De invierno, la levadura; de verano, la mujer aguda.
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solo hacía falta un lugar con autobuses y aeropuertos. un combo difícil. un lugar dispuesto a pagar la factura por la medalla
es mucho mejor enviarlas a ciudades con millones de habitantes
llámalo virus "hocasiondemedalla" pq otro barco (limpio) junto al barco (sucio) no es un lugar de cuarentena adecuado para personas no enfermas
otra vez, con el hentaivirus No es así... bah, que más da.
He dejado otro regalito. Abrazos a la familia.