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© Varios - Cuando Lluís conoció a su mujer biolurrusa.
Las casualidades existen, eso lo sabemos todas-os. Y en este caso es una con desenlace más que feliz como ya saben.

Lluís, con su hiperactividad, tenía mucha curiosidad y muchas ganas de hacer las cosas más variadas entre ellas era un gran aficionado a espectáculos también variados.

Pues bien he aquí la feliz casualidad: una de las veces que vino el ballet a Barcelona el director no pudo estar y le encargó a su mejor bailarina que visitara a un buen amigo y le explicara el por qué no pudo venir. Esa bailarina era Lena, se lee Liena, y claro, el buen amigo Lluís, ella era-es muy hermosa con ojos azules enmarcados por su pelo lacio y rubio que acompañaba un cuerpo de mujer alta y muy esbelta.

Lluís se quedó prendado de ella y recuerdo una de sus llamadas en que iba con su jeep conduciendo de A Coruña, dónde tenían otra tienda, a Barcelona. Sentía a través del móvil cómo llovía a cántaros y le dije ¿estás conduciendo con esa lluvia y el móvil en la mano? ante su afirmacion le indiqué que se parara o me iba a poner de los nervios. Así lo hizo y me contó que llevaba a su lado a una mujer espectacular con la que quería vivir.

Lena no podía entenderlo porque en esa época,1999 ó 2000, no hablaba español, ahora lo habla perfectamente así como el catalán. Lluís sí que sabía ruso, pero esa es otra historia...

El desenlace ya lo conocen, pero me apeteció reponer estos versos, no sé si posteó el segundo, porque son preciosos y además creo que esta casualidad no era conocida por todas-os.

Pues aquí se los dejo.
Besos de lluvia
Anaís

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Primera Cita

I

Inesperada y distante
en la obligación
de los recados impuestos,
desconocida,
octubre y el saludo
de un amigo en común
nos sentaron a la misma mesa.
Desde la solitaria altitud
de mis deseos
entendí en tu mirada
la razón
de cada pliegue de piel habitado,
el inconsciente anhelo
de convertir en certeza
la triste fragilidad
de las caricias urgentes.

La tarde derrama
café con otoño sobre el recuerdo
de nuestra primera cita,
y con seguridad de camarero experto
al recoger la mesa,
comprendo, al fin,
que era a ti
a quién buscaba.

II

Recuerdo,
de aquella primera cita,
el olor de octubre despidiéndose
en manga corta,
la lentitud
de las cervezas ociosas
como palabras
que temen no saber
explicarse,
la tranquilidad fingida en mi rostro
ebrio de tu azul almendra,
y la magnética abertura de tu falda
que me empeñé en no mirar.

El final de la mañana
nos invitaba al almuerzo,
pero supe no insistir.
Hoy sé
que no leíste en mis ojos
el sueño de tus labios mas allá de lo decente,
mi voluntad de ti,
que con indiferencia ensayada
acepté que dejásemos
para otra ocasión.

(c) Lluís Villar
Octubre 2001
fw adjunta la siguiente imagen:

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