ESTAMBUL, de Iker Biguri
Rechaza el futuro, vive con el convencimiento
de que el azar no tiene reservado nada bueno para él.
Ha intentado barrer de su vida cualquier esperanza
y cualquier temor, tal y como pone en el tatuaje de su espalda,
y a veces cree que es capaz de conseguirlo.
Pero ahora, en su cama del hotel Sahra,
en el barrio de Lalei, cuando las tiendas cierran
y los propietarios se van a comer o a rezar,
cuando los vendedores de fruta
recogen sus tenderetes de madera, cierra los ojos
y ante él aparece la última imagen de Estambul,
una chica turca sonriendo desde detrás de un mostrador.
Y piensa en todas las posibilidades perdidas.
Posibilidades que no se arrepiente de haber perdido
pero que guarda en invernaderos dentro de su cabeza
y riega y deja que crecer hasta que puedan alimentarle.
No se arrepiente de las decisiones que ha tomado.
Nunca lo ha hecho. Pero ya no le gusta mirar
estas alternativas que pudieron ser y no fueron.
Decide eliminarlas: que su pasado a partir de ahora
sean imágenes inmóviles y olores. Que su futuro
sea un árbol con multitud de ramas delgadas y flexibles
en las que columpiarse.
http://poejosymas.blogspot.com/
Rechaza el futuro, vive con el convencimiento
de que el azar no tiene reservado nada bueno para él.
Ha intentado barrer de su vida cualquier esperanza
y cualquier temor, tal y como pone en el tatuaje de su espalda,
y a veces cree que es capaz de conseguirlo.
Pero ahora, en su cama del hotel Sahra,
en el barrio de Lalei, cuando las tiendas cierran
y los propietarios se van a comer o a rezar,
cuando los vendedores de fruta
recogen sus tenderetes de madera, cierra los ojos
y ante él aparece la última imagen de Estambul,
una chica turca sonriendo desde detrás de un mostrador.
Y piensa en todas las posibilidades perdidas.
Posibilidades que no se arrepiente de haber perdido
pero que guarda en invernaderos dentro de su cabeza
y riega y deja que crecer hasta que puedan alimentarle.
No se arrepiente de las decisiones que ha tomado.
Nunca lo ha hecho. Pero ya no le gusta mirar
estas alternativas que pudieron ser y no fueron.
Decide eliminarlas: que su pasado a partir de ahora
sean imágenes inmóviles y olores. Que su futuro
sea un árbol con multitud de ramas delgadas y flexibles
en las que columpiarse.
http://poejosymas.blogspot.com/
jorfasán
Artículode Francisco Cenamor sobre el poemario de Iker Biguri
lunes 14 de diciembre de 2009
Siempre es un placer leer poemarios en los que se aprecia cómo el autor o autora ha trabajado con mimo sus textos, ha sopesado cada palabra y ha creado una estructura que da sentido a cada parte del libro y cada poema, por sí mismo y dentro de un contexto.
Esa sensación es la que he tenido al leer el libro que Iker Biguri tiene publicado en la colección Poesía de la Editorial Luces de Gálibo. Su título, Águjeros y jardines no me hacía presagiar lo que iba a encontrar en su interior. Usando indistintamente el verso libre y la prosa poética, arriesgando en los límites entre ambas técnicas, nos presenta un paisaje del planeta tierra, del lugar en que viven los humanos (¿humanos?) similar al que plantean películas, novelas o cómic de ciencia ficción tras la última y definitiva guerra, tras la definitiva catástrofe ecológica.
En el primer apartado del poemario, 'La mujer zurda (y la mujer diestra)', se nos presenta ya uno de estos personajes humanos, una mujer sin esqueleto que nada en el aire como un pez. Aparecemos los humanos, tras el desastre, "con más pies, con más manos que antes", e, incluso "somos todo ojos".
Segunda parte del libro, más referencias a ese futuro que podría ser ayer, con una atmósfera de mundo perdido: una máquina que funciona con pájaros. Pero ya el ambiente que recrea Biguri no resulta tan extraño. ¡Vaya, se puede poetizar también con esta textura!. Quien más quien menos, al leer, pensará que sería mejor materia de cómic, o incluso de cine. Y precisamente son esas las imágenes y sensaciones que se me vinieron a la cabeza mientras leía el libro, sobre todo las de los cómic.
'De otro lugar', tercera parte. Descripción más general del planeta poemario que el autor ha creado para los lectores y lectoras. Hasta llegar a la cuarta y última parte, 'Del tamaño de una nuez', donde a ese tamaño somos relegados; se produce el vaciamiento definitivo del autor, del planeta legendario, de los seres humanos.
Un lenguaje claro y sincero para transportarnos a un mundo con visos de irrealidad, pero en el que podemos vernos reflejados: el futuro siempre evoca los malos pasos del presente. Además, y esto es un gran acierto a mi parecer, para ser un texto que nos traslada a la ciencia ficción, no se usa un vocabulario técnico, de maquinarias o 'playstation'. Iker Biguri a optado por palabras más cercanas a la piel de los seres humanos que al exterior metálico de la máquina.
Poesía cercana a la ciencia ficción. Nunca había leído nada parecido. Y, la verdad, ha merecido la pena.
Iker Biguri (Sestao, 1980) ha publicado Plastilina (Colección Monosabio, Ayuntamiento de Málaga, 2002), miscelánea de poemas, relatos y diario de viaje. Tiene en prensa Poemas del paracaidista ruso y la espía japonesa (Editorial Eppur). Actualmente reside en un pueblo de la sierra de Madrid.
http://tinyurl.com/flores-pal-iker
Artículode Francisco Cenamor sobre el poemario de Iker Biguri
lunes 14 de diciembre de 2009
Siempre es un placer leer poemarios en los que se aprecia cómo el autor o autora ha trabajado con mimo sus textos, ha sopesado cada palabra y ha creado una estructura que da sentido a cada parte del libro y cada poema, por sí mismo y dentro de un contexto.
Esa sensación es la que he tenido al leer el libro que Iker Biguri tiene publicado en la colección Poesía de la Editorial Luces de Gálibo. Su título, Águjeros y jardines no me hacía presagiar lo que iba a encontrar en su interior. Usando indistintamente el verso libre y la prosa poética, arriesgando en los límites entre ambas técnicas, nos presenta un paisaje del planeta tierra, del lugar en que viven los humanos (¿humanos?) similar al que plantean películas, novelas o cómic de ciencia ficción tras la última y definitiva guerra, tras la definitiva catástrofe ecológica.
En el primer apartado del poemario, 'La mujer zurda (y la mujer diestra)', se nos presenta ya uno de estos personajes humanos, una mujer sin esqueleto que nada en el aire como un pez. Aparecemos los humanos, tras el desastre, "con más pies, con más manos que antes", e, incluso "somos todo ojos".
Segunda parte del libro, más referencias a ese futuro que podría ser ayer, con una atmósfera de mundo perdido: una máquina que funciona con pájaros. Pero ya el ambiente que recrea Biguri no resulta tan extraño. ¡Vaya, se puede poetizar también con esta textura!. Quien más quien menos, al leer, pensará que sería mejor materia de cómic, o incluso de cine. Y precisamente son esas las imágenes y sensaciones que se me vinieron a la cabeza mientras leía el libro, sobre todo las de los cómic.
'De otro lugar', tercera parte. Descripción más general del planeta poemario que el autor ha creado para los lectores y lectoras. Hasta llegar a la cuarta y última parte, 'Del tamaño de una nuez', donde a ese tamaño somos relegados; se produce el vaciamiento definitivo del autor, del planeta legendario, de los seres humanos.
Un lenguaje claro y sincero para transportarnos a un mundo con visos de irrealidad, pero en el que podemos vernos reflejados: el futuro siempre evoca los malos pasos del presente. Además, y esto es un gran acierto a mi parecer, para ser un texto que nos traslada a la ciencia ficción, no se usa un vocabulario técnico, de maquinarias o 'playstation'. Iker Biguri a optado por palabras más cercanas a la piel de los seres humanos que al exterior metálico de la máquina.
Poesía cercana a la ciencia ficción. Nunca había leído nada parecido. Y, la verdad, ha merecido la pena.
Iker Biguri (Sestao, 1980) ha publicado Plastilina (Colección Monosabio, Ayuntamiento de Málaga, 2002), miscelánea de poemas, relatos y diario de viaje. Tiene en prensa Poemas del paracaidista ruso y la espía japonesa (Editorial Eppur). Actualmente reside en un pueblo de la sierra de Madrid.
http://tinyurl.com/flores-pal-iker


Un poema de Iker Biguri
Primero: intentar aniquilarlo para abrirlo.
Después: intentar gastarlo para abrirlo.
Pero esto ya es una rendición.
Hundir las uñas en su carne, astillar su madera, reventar sus faroles, girar sus llaves, empujar en la dirección incorrecta, siempre acertando así, del todo equivocado.
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Iker Biguri, Agujeros y jardines (Luces de Gálibo , 2009)