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Los hombres buenos
llevan dentro
un lagarto
que odia a los hombres buenos
Es la juventud
el único vicio que
sana el tiempo
Maldita sinalefa, que siempre odia los haikus.
Corre Júpiter
en el cielo tras Venus
al atardecer
Que venga el meteorito, el capitán trueno o un rayito de luz. Hay algo prohibido en Dinamarca.
fw ·
10-05-2026
solo hacía falta un lugar con autobuses y aeropuertos. un combo difícil. un lugar dispuesto a pagar la factura por la medalla
Pasamos a la antesala de la pila.
© GatoFénix [img]C:\Documents and Settings\MaestroParticulArt\Mis documentos\Mis imágenes\2006-06-11[/img]Había tres sillas y unas perchas
enfrente una camilla
en la camilla un enfermo muy joven,
a veces gritaba y aleteaba con los brazos,
al lado unos voluntarios sonrientes
le van quitando los zapatos.
Tampoco hablan español.
En gestos me dicen que me quite las ropa,
a mi lado izquierdo una silla vacía,
a su lado, mi compañero el romano.
Él se queda en gayumbos,
lo que decía, le falta un rediario
y a él una espada corta,
yo llevaba un bañador como calzoncillos.
Esperamos.
Un letrero da instruccuiones
hasta en castellano.
Son sugerencias, oraciones,
invocaciones ad hoc.
frente a nosotros, clamado,
el joven paciente parece
un ángel lisiado que su semidesnudez
deja ver una sonda en el vientre
y un cúmulo de infortunios,
en todo el cuerpo, inmerecidos.
Cuelgo mi ropa y entro en un despiste global.
Es un caos de sensaciones y sentimientos
que me hacen olvidar mis peticiones.
Hay paz en aquel sitio.
No hay desesperación.
Es un camarote justo y lleno
pero no agobia.
Más que pedir por mi,
he venido a dar las gracias, pienso.
En mi ya se produjo el milagro,
ahora vengo a lavar los tejidos.
Es la piel y las mucosas,
nuestro papel de regalo.
Un envoltorio frágil que a veces
no apreciamos.
El tiempo y las secuelas
de los infortunios nos estampan.
Máculas, rugosidades y rotos;
rotos o descosidos del traje
que luego hay que volver a remendar
- no hay puntada sin hilo -
y en el zurcido ya hay milagro
aunque nos sorprendamos más
de un nuevo talón en unos calcetines
de hilo llevados a las carmelitas.
Me avisan.
Me levanto
Me dirijo a la cortina y
ante mi la bañera de granito.
Me desnudo tras una gran sábana blanca
y me la ciñen como una falda.
Está mojada y parece de lino,
dos hombres, uno a cada lado
me cogen de los brazos;
desciendo tres escalones.
frente a mi una imagen de la Inmaculada Concepción,
parece fluorescente, como la de mi infancia,
la que me trajo mi madre.
Me sueltan los brazos.
Uno las manos e inclino la cabeza unos instantes.
Vuelven a cogerme por los brazos;
me sientan y me levantan;
me sujetan.
Doy gracias a Dios.
Vuelta y me ayudan a salir de la pila.
Una vez fuera, me desatan la sábana.
Me pongo el bañador y salgo.
Pregunto por una toalla.
No hay.
Ellos ya están a otra cosa
siempre sonriendo amablemente.
Para nada estúpidos;
francamente bondadosos.
Empapado como estoy, me visto.
El agua estaba a doce grados,
sin embargo no siento frío,
tampoco tengo sensación de humedad.
Me toco sobre la ropa
y me extraña esa sensación
que no puedo contaros,
de estar como seco sabiendo que estoy mojado,
y desde luego sin frío.
Camino a exterior.
Salgo del cobertizo hacia el sol que despunta.
No tengo palabras.
ando confuso hasta que
mi mujer y mi hija
me encuentran.
Ellas venían del baño de las mujeres,
Yo iba a llamarla al móvil
y antes de descolgar
me llaman y me abrazan.
Ella dice que ha llorado un poco.
Yo, en algún momento,
sólo hice pucheros,
pero me sobrepuse - le digo.
- ¿Es de emoción?- dice que le dijo otra mujer.
Ella afirma con la cabeza.
Está muy guapa.
© GatoFénix