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Los hombres buenos
llevan dentro
un lagarto
que odia a los hombres buenos
Es la juventud
el único vicio que
sana el tiempo
Maldita sinalefa, que siempre odia los haikus.
Corre Júpiter
en el cielo tras Venus
al atardecer
Que venga el meteorito, el capitán trueno o un rayito de luz. Hay algo prohibido en Dinamarca.
fw ·
10-05-2026
solo hacía falta un lugar con autobuses y aeropuertos. un combo difícil. un lugar dispuesto a pagar la factura por la medalla
porque es una gran verdad.
(Mejor me lo digo a mi mismo, jeje)
Llevo toda la vida confiando y no tengo palabras para decir
lo verdad que es.
Es una gran verdad, pero no se aprende nunca.
Ayer sin ir más lejos me llevé la última.
El último zas, que se dice ahora.
¡Hombre! Se acostumbra uno,
incluso viéndolas venir y no siendo tonto del todo.
Parece que unos nacemos de una manera y con una disposición
y otros, bueno, son diferentes.
Se mueven mejor en la oscuridad, por eso de su sombra.
Hay gente, que como decía mi padre, ya muerto:
- ¡Qué mala sombra tiene!
Y no creáis, que he pensado en ella mucho.
Tiene una gran carga de profundidad y mucho fundamento.
La sombra...Hum. Pensando...
No se dice "tiene buena sombra", de nadie.
Esos, que no son como yo, creo que han nacido en ella,
en la oscuridad, digo.
Y siempre permanecen en ese lugar cómodo,
donde no se llevan sorpresas, porque saben que lo de confiar
es cosa de alto riesgo.
Puedo hablar con naturalidad sobre esto, porque aquí no hay nadie real.
Todo es como esa sombra (virtual) y se está tan lejos que hay abismos
más que distancias en este "nosotros";
porque tal vez lo más milagroso, que es la comunicación, no se puede dar
porque nadie "ha hecho ni una legua en sus mocasines",
en los del "otro".
Mocasines, que son los libros de cada uno;
y sus pensamientos mientras los lee;
y sus diálogos interiores sentados, a oscuras,
al borde de su cama.
Cuando no sientes más calor
que el que te fabricas bajo el edredón.
Y rezas agradecido como hacia mi tía sor María,
en la Clínica del Trabajo, cerca de Cuatro Caminos.
- "Un Padrenuestro por el que inventó la cama". Me contaba.
O cuando ya muy débil y enferma, a punto de morir, que dijo:
- "Pues esto de la vida tampoco ha sido gran cosa" Vamos,
"nada del otro mundo".
Que por un lado tiene su gracia, pero ella no bromeaba, en ese momento.
La vida para ella no había tenido muchas luces de colores.
Toda su vida cuidando lisiados, ayudandolos a rehabilitarse.
Y, sin embargo, viéndome desconsolado,
aquella Navidad del cincuenta y ocho,
llorando desconsoladamente, triste y frustrado,
en víspera de unos Reyes que no trajeron
"el coche que se le abrieran las puertas", que yo esperaba.
Me dijo:
- ¿Tú crees en la Providencia?
Yo no entendía esa palabra, pero dije:
- Sí.
Y me regaló un avión, que era una tontería fea,
que cargaba como tres supositorios de plástico,
con un alfiler en la punta y que mirando por el fuselaje,
y con ayuda de un espejo se veía el suelo.
Sobre él, se ponía un corcho cuadrado con una ilustración, a todo color,
de la Tierra vista desde el espacio.
Alguna vez me pinché en la punta del pie. Bombardeando.
Ya dije, algo feo, que nada más verlo supe "el recorrido" que tenía.
Y así ha sido toda la vida.
Siempre confiando.
Pensando, y lo sabia, "que el hombre es la medida de toda las cosas"
y a posteriori lo reflexionaba, si lo sabía...¿entonces?
Pero sigues confiando, aunque tengas la cara como un pan
de tanta hostia que te llevas.
Y no hay más. Por eso lo digo.
Porque no va a cambiar tu vida, como tampoco la mía.
Aunque yo "sé que no tengo mala sombra".
Y eso me reconforta.
© GatoFénix
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