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Los hombres buenos
llevan dentro
un lagarto
que odia a los hombres buenos
Es la juventud
el único vicio que
sana el tiempo
Maldita sinalefa, que siempre odia los haikus.
Corre Júpiter
en el cielo tras Venus
al atardecer
Que venga el meteorito, el capitán trueno o un rayito de luz. Hay algo prohibido en Dinamarca.
fw ·
10-05-2026
solo hacía falta un lugar con autobuses y aeropuertos. un combo difícil. un lugar dispuesto a pagar la factura por la medalla
Los años y la invierna, qué mala mezcla.
idón"
© GatoFénix [img]C:\Documents and Settings\MaestroParticulArt\Mis documentos\Mis imágenes\2006-06-11[/img]Parece que cada "cuesta" que viene es más cuesta,
por lo que nos cuesta, que el resto, no es más
que lo que siempre ha dado este tiempo de invierno.
Nos amagaba y no daba, de ahí la invierna;
como una anciana huraña sonriente y juguetona.
Mansedumbre y tibieza, que casi nos florecen almendros
y de repente un viento del norte apresurado y loco
nos trae un zarpazo de hielo y un trancazo traidor
cargando el trabuco con sapos añejos o transgénicos
que me han dejado rezando más de una semana
porque estaba como decía mi padre:
"Como la tía Sabina, que no sabe si mea o si orina".
Noches de sudor y dolor de media cabeza
desde el oído izquierdo, de ahí tenía que ser, a la corona.
Me ponía las manos y me relajaba, y aquello fluctuaba
como si palpitase todo entero y alguien me hincase un colmillo;
o la uña esa que llevan algunos en el meñique, que da tanto asco,
y me perforara como un aguijón de alacrán del desierto.
Como todo, las cosas naturales, que sólo importan en campaña
y de aquella manera, se vuelven anormales.
Un otoño-invierno, como empezó, es una primavera
fuera de tiempo.
Es el pan para hoy y hambre para mañana.
No es bueno perder las estaciones porque es una avería
como cuando el piñon de la bicicleta se le iban los trinquetes.
Te quedabas pedaleando en el vacío y no avanzabas
hasta que agotada la inercia volcabas si no andabas listo
o se te enganchaba la suela de la zapatilla en los dientes de la pedaleta;
ya no digo si llevabas rastrales de las bicis de carrera.
Y ha vuelto a enganchar el piñón y parece que avanzamos
pero nos sentimos inseguros porque le hemos perdido la confianza
al piñón/tiempo y ya no disfrutamos como antes ni nos embalamos.
Ahora para San Antón, que "a las cinco con sol", empiezo a ver la luz.
Ya tengo ganas de coger la moto y eso, es buena señal.
De lo que no me entran ganas es de volver al gimnasio,
lo cual me preocupa, porque me da pereza hasta de desapuntarme.
Luego, me tocan, por ahora ,mis chequeos y tambien se nota en el ánimo;
andas como siempre en esa cuerda floja que llamamos "vida"
y que a veces, tambien decía mi padre: "Más que vida, es un (v/
que al ser un dicho no escrito nunca sabré qué grafía le corresponde,
pues puede ser tan relevante como ambíguo su significado:
Si es una vida enorme, vidón; y, bidón, si es un recipiente rechoncho
en los que todo le cabe o puede usarse para mil cosas variopintas.
Ese tono despectivo, común a los dos términos, es lo que inquieta.
Tampoco sé si es porque el frio y los años hacen malas migas.
Y que cada cuesta de enero, de cada invierno, perdidos los camellos
(de los Reyes, claro),
ya olvidado el trineo, de reciente incorporación a la parafernalia tradicional y
saltándonos las últimas ocurrencias de potar,
más que una cuesta parece un slalon gigante por el que nos hayamos caído
y vamos "a trompa talega", que es como a toda hostia y sin control,
sabiendo que en cualquier momento damos en el abismo;
que anoche mismo soñé, y de verdad sentí lo que se siente
décimas de segundo antes de darme el esportazo.
Hay unos segundos que parece que no caes,
que te has detenido, pero es sólo una sensación.
En el segundo siguiente era:
o despertar o morir.
Y me desperté;
y me puse el termómetro;
y recordé todo en esos cinco minutos;
y, no tenía fiebre.
Ya más tranquilo, casi sonreía mirando al techo negro
y recordaba que iba pensando cómo debia caer, al tocar con mis pies el suelo,
siguiendo las indicaciones que recibían los paracaidistas para saltos nocturnos,
aunque sabía que me iba a destrozar.
Y también pensaba, a la vez, que se me clavarían las rodillas en el pecho.
Y ahí con los dos pensamientos simultáneos
me desperté dando un respingo.
Todavía hubo unos largos segundos en los que no sabía
dónde había despertado.
© GatoFénix (Aquí con la perrita Kika, durmiendo y apestando, mientras escribo esto. La vida.)
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