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Los hombres buenos
llevan dentro
un lagarto
que odia a los hombres buenos
Es la juventud
el único vicio que
sana el tiempo
Maldita sinalefa, que siempre odia los haikus.
Corre Júpiter
en el cielo tras Venus
al atardecer
Que venga el meteorito, el capitán trueno o un rayito de luz. Hay algo prohibido en Dinamarca.
fw ·
10-05-2026
solo hacía falta un lugar con autobuses y aeropuertos. un combo difícil. un lugar dispuesto a pagar la factura por la medalla
Puede haber algo más triste, pero no lo conozco;
© GatoFénix [img]C:\Documents and Settings\MaestroParticulArt\Mis documentos\Mis imágenes\2006-06-11[/img]algo que no sabes definir según te inunda.
Hay amor, pero no sabes qué, ni cómo, ni quién...
Es como respirar dentro del mar o en las nubes frías
dentro del casco viajando envuelto en una luz blanca
que desmadeja las sombras como de hidrógeno líquido.
Hay una noche que te circunda.
Tienes una fuerza dentro que permeabiliza el cuerpo.
Hay un estar difuso en equilibrio y en movimiento.
Tienes una capa de invisibilidad densa y a la vez sutil.
Hay un pozo enorme donde casi no cabemos:
enorme.
Y nos apoyamos en cuaquier pared arqueando la espalda.
No sabemos si podremos seguir ni cuánto tiempo más
Pero nos abrazamos a la cruz llorando casi sin hacer ruido
para no despertar a nadie de la noche en la que estamos todos.
Hay un mar de ausencias que no pueden llenar los vacios de los recuerdos.
El tiempo, tan presuroso, nos abandona o eso notamos
y no sabemos qué sentir...
Sólo hay esa soledad que pueden tener los que saben
que no van a volver;
y que su destino es incierto,
aunque la partida es segura.
No caben las lágrimas en ningun recipiente conocido,
y nos empapa el alma una pena que sólo es comparable
al hueco que deja un corazón
cuando ya ha partido.
Hay mucha paz al fondo, muy al fondo
y también miedo;
un miedo a lo desconocido, a lo malo conocido
y a no tener esperanza de algo bueno por venir.
Llegamos a, no saber nada de nada,
ni qué era bueno, tornado en malo;
ni qué hicimos para merecer esto.
Da igual.
Hay paz.
Igual da.
Y no sabemos nada, pero
todavía somos y respiramos,
y nos sentimos en esta música
que suena a nana
y a navío
y a gaviota,
de Juan Salvador Gaviota,
- ¿te acuerdas?
que nos hizo sentir,
en esa juventud de piedra
que pasamos,
la brisa del aire en la piel:
nuestras incipientes plumas de ave Fénix,
justo antes de capotar.
Y rompernos como hoy.
© GatoFénix
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