Entre versos
III
Llegas y llego desde los vestigios de desiertos y glaciares arrasados y retrocede delirante la vida mientras se despoja de tiempos, de normas y responsabilidad. Un afán hila y deshila su rumbo, antes lánguido y ahora muere de avidez por revocar la tradición, muere por no ser nada más que la traslúcida turbación de iniciarse… una y otra vez. Y es que el futuro me suena arcaico, tiempo remoto, oculto e insolente que se nos quedó asediado y hay que indultar sobre el envés de aquellos extraños espacios redivivos. Tú, amor, me sabes hoy a utopía. Corazón en la noche sin que nadie conceda un sueño y es que ahora sé de naufragios, del gran espanto que agrieta contrafuertes, de rutinas que se renuevan con nirvanas efímeros. Llueve, el agua se agita como una hoja al viento. La noche zahiere en los muelles y en cada balsa las horas oscuras caen sobre la vida y por una rendija viva saquea las estrellas. Sin embargo, existe y brilla un rayo de esperanza, en la estación un tren inacabado escribe destinos mínimos.
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© Marisa Peral
Entre versos
III
Llegas y llego desde los
vestigios de desiertos
y glaciares arrasados y retrocede delirante la vida
mientras se despoja de tiempos, de normas y responsabilidad.
Un afán hila y deshila su rumbo, antes lánguido
y ahora muere de avidez por revocar la tradición,
muere por no ser nada más que la traslúcida turbación
de iniciarse… una y otra vez.
Y es que el futuro me suena arcaico, tiempo remoto,
oculto e insolente que se nos quedó asediado
y hay que indultar sobre el envés de aquellos extraños
espacios redivivos.
Tú, amor, me sabes hoy a utopía.
Corazón en la noche sin que nadie conceda un sueño
y es que ahora sé de naufragios,
del gran espanto que agrieta contrafuertes,
de rutinas que se renuevan con nirvanas efímeros.
Llueve, el agua se agita como una hoja al viento.
La noche zahiere en los muelles y en cada balsa
las horas oscuras
caen sobre la vida y por una rendija viva saquea las estrellas.
Sin embargo, existe y brilla un rayo de esperanza,
en la estación un tren inacabado escribe destinos mínimos.
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© Marisa Peral
Mar