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Los hombres buenos
llevan dentro
un lagarto
que odia a los hombres buenos
Es la juventud
el único vicio que
sana el tiempo
Maldita sinalefa, que siempre odia los haikus.
Corre Júpiter
en el cielo tras Venus
al atardecer
Que venga el meteorito, el capitán trueno o un rayito de luz. Hay algo prohibido en Dinamarca.
fw ·
10-05-2026
solo hacía falta un lugar con autobuses y aeropuertos. un combo difícil. un lugar dispuesto a pagar la factura por la medalla
El manual de Literatura que tuve en el lejanísimo bachillerato atribuía tal condición al enemigo de Quevedo, don Luis de Góngora y Argote. Decía que tal poema del primero iba dedicado al segundo. Que respondía con igual destreza a las afrentas recibidas.
Se cuenta que Góngora era un tipo aficionado a la charla y al dolce far nien te, y que aúnque conónigo de oficio, le preocupaban más bien nada los asun tos eclesiásticos. Prefería palpar las nalgas de las zagalas que se le po nían a tiro, a las que luego componía sentidos versos. De hecho, parece que fué reconvenido por sus superiores eclesiásticos ante su falta de celo, que ya era más bien negligencia flagrante.
Hay estetas que aprecian ya éste talante frívolo en sus versos juveniles, en tre los que encuentran-escrito a los 20 años-el que reputan como el mejor en decasílabo de toda la historia de la poesía española..."en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada". La verdad es que a un señor amigo de la comodi dad y el gozo de la vida-"Ándeme yo caliente..."-no parece que se le diese tan bien el esfuerzo creador que requería una poesía como la suya. Pero...pa radojas de la vida, se conoce que el componer no le causaba gran esfuerzo. O sí, pero le gustaba...vaya usted a saber...
Ya en sus años maduros se fué a la Corte para medrar él y sus familiares, y se conoce que por el esfuerzo que le supuso tal empeño, su poesía fué metién dose por los tortuosos senderos que tan antipático lo hacían a nuestra vista, completamente ajena a los arcanos del Arte.
Parió la oscura "Fábula de Polifemo y Galatea", y luego, ya al final, sus in conclusas "Soledades". Aquél tipo de poesía hizo que muchos de sus coetáneos, con Quevedo al frente, atacasen su desazonante y fatigosa erudición, aúnque no le faltaron apoyos de talla, como Villamediana o Cervantes, para los que la trabajosa arquitectura gongorina de sus grandes poemas, era prenda segura de la renovación lírica hispana, con un rigor y hondura de visión insupera bles. Hay gente para todo.
De ahí que la crítica, y nuestros profesores, nos explicasen para no desani marnos más de la cuenta, que Góngora era un "poeta para poetas", tan almibara do en su quintaesencia culterana que en vida nunca publicó nada, pasando sus versos manuscritos de mano en mano. Lo que si bien se mira, tiene ancho y pro bado mérito, porque a ver a quien se le ocurre leer y pasar a otros, las ocu rrencias que cualquiera pueda tener en una libreta, como no sea que exista una calidad tan contrastada, que merezca la pena el desgaste de pupila y el trabajo de difusión. Pudiera ocurrir, pero no es probable. Y si pasó con Gón gora es porque indudablemente lo merecía.
A nosotros en cambio nos parecía un señor empeñado en complicarlo y enredarlo todo, sin escribir jamás las palabras de la oración en orden normal, que nos obligó a aprender lo que era el dichoso hipérbaton, y que además, elegía un vo cabulario lo más abstruso posíble, para hacer imposíbles de comprender las cosas y acabar sin saber a qué se refería. Aparte la monomanía de utilizar siem pre alguna rebuscada imagen mitológica para acabar de meternos en un laberin to imposible. Y todo por joder.