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Los hombres buenos
llevan dentro
un lagarto
que odia a los hombres buenos
Es la juventud
el único vicio que
sana el tiempo
Maldita sinalefa, que siempre odia los haikus.
Corre Júpiter
en el cielo tras Venus
al atardecer
Que venga el meteorito, el capitán trueno o un rayito de luz. Hay algo prohibido en Dinamarca.
fw ·
10-05-2026
solo hacía falta un lugar con autobuses y aeropuertos. un combo difícil. un lugar dispuesto a pagar la factura por la medalla
Sobre la intervención de intelectuales en política suele haber dos opiniones: la de los que piensan que si lo hiciesen más a menudo las cosas irían mucho mejor, y la de los que sostienen lo contrario.
Paradójicamente, entre los primeros hubo algunos intelectuales que opinaban que su participación en asuntos públicos equivaldría al desastre. Entre ellos figura el señor Ramón y Cajal, que se negó varias veces a ser ministro. Sin duda su experiencia como médico militar en Cuba, en donde sufrió la incuria y las chinchorrerías de sus superiores, le desngañaron al respecto; lo mismo que su trato, ya siendo un egregio personaje, con eminentes políticos debió confirmarle en tal impresión.
Pero dejando un lado al Premio Nobel, se pueden relatar algunos episodios de intelectuales patrios que eran completamente escépticos acerca de las bondades que de su teórica participación en tan altos menesteres se seguirían para sus conciudadanos.
El 18 de junio de 1930, el diario "El Compostelano" se lee lo siguiente: "Mara ñón cree que los intelectuales son incapaces de gobernar"; y en el mismo texto se cuenta como Santiago Alba enseña a Marañón la lista de intelectuales que ha preparado como nuevo Gobierno cuando fuese llamado a formarlo, cosa que no ocu rrió..."Al lado del doctor Marañón figuraban una porción de intelectuales. Quie ro-le dijo Alba-formar un gabinete de hombre nuevos. Apenas vio la lista Mara ñón, se echó las manos a la cabeza: ¿pero sabe usted lo que sería un Gobierno de intelectuales? Suponiendo que aceptaran, el fracaso sobrevendría a los tres días. ¿Por qué, amigo Marañón? Porque los intelectuales no sirven para gober nar. Aparte de que cada día le formarían a usted un lío y cada uno se creería superior a los demás. Las rencillas y envidias que se cultivan en el jardín de la intelectualidad estallarían en cuanto los trasplantase usted al Consejo de Ministros: forme el gabinete que quiera, todo antes que uno de intelectuales, sería la catástrofe".
El 30 de junio de 1930, Manuel García Barros, Ken Keirades, hace referencia en el diario de La Estrada, "El Emigrado", a una entrevista con el afamado galeno e intelectual galaico, doctor Nóvoa Santos, en la que se lee esto: "A Nóvoa le horroriza pensar en un gobierno de intelectuales. Al día siguiente, opina, des carrilarían los trenes, se declararían en huelga los empleados, surgirían con flictos por todos lados".
A pesar de lo anterior, que acredita la coincidencia temporal de ambos médicos en sus apreciaciones, que denotan un determinismo superfatalista sobre la inago table (al parecer) capacidad de los intelectuales para originar "desfeitas" de toda clase y condición-con descarrilamiento de trenes incluido-la brevísima par ticipación política de Nóvoa Santos y Marañónc, denota que también a ellos les mordió el gusanillo. Lo mejor de todo fué que, a pesar de ello, no abandonaron su fecunda labor intelectual en la que, ahí sí, sin duda, triunfa ron plenamente.
Otro ejemplo de intelectual fracasado en política, éste más actual, es el de Vargas Llosa, que intentó pero no le dejaron. No se sabe si por su natural in capacidad, a fuer de intelectual,para descender al terreno de lo prosaico, o más bien porque su misma condición inspiró a la gente la suficiente desconfian za como para mirar otros horizontes. Porque también es cierto que a una parte de la gente común, los "sabios", a la par que admiración les inspiran algo pa recido a la idea de que "viven en las nubes", y son poco aptos para el día a día.
Pero, para rematar, no estará mal traer a colación al profesor Pereira Menaut, que en su libro "Política y Educación", afirma que los intelectuales no siem pre son adecuados como políticos, ni siempre su influjo es positivo, citando a Calicles que le reprochaba a Sócrates que la deformación profesional del fi lósofo termina incapacitándolo para el juego político.
Tal vez se deba a aquello tan viejo de "a la parálisis por el análisis".