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Los hombres buenos
llevan dentro
un lagarto
que odia a los hombres buenos
Es la juventud
el único vicio que
sana el tiempo
Maldita sinalefa, que siempre odia los haikus.
Corre Júpiter
en el cielo tras Venus
al atardecer
Que venga el meteorito, el capitán trueno o un rayito de luz. Hay algo prohibido en Dinamarca.
fw ·
10-05-2026
solo hacía falta un lugar con autobuses y aeropuertos. un combo difícil. un lugar dispuesto a pagar la factura por la medalla
¿Y cómo fueron las mágicas jornadas de Reyes en tu infancia y en tu tierra, Seb? Me gustaría saberlo Todavía el tiempo -fuera ya de la dicha- no ha conseguido escatimar intensidad al recuerdo y si a algo tuviera que regalar el adjetivo de sagradas sería a aquellas mañanas a las que siempre volveré la mirada en esta fecha. ¡Y que nunca se nos olvide que esta noche hay que acostarse temprano!
Sebastián escribió:
No puedo decir mucho. Pero recuerdo que lo de los "reyes" era aún más misterioso que ahora, pues su imagen o lo que fuera no aparecía por ninguna parte. No había cabalgata. Recuerdo que yo dormía en un cuarto que daba al corral y que mis padres, antes de que llegara esa noche, me ayudaban a poner los zapatos en aquella ventana y unas algarrobas, a fin de que los caballos pudieran comer. Yo creía que efectivamente los Reyes hacían un extrañísimo alto nocturno en nuestro corral. Y ahí estaba, al día siguiente, su obsequio.
Recuerdo bastante bien la vez que me trajeron un caballo. Era un hermoso caballo de cartón, bastante grande. Yo debía ser muy pequeño, pues también recuerdo cómo mis padres me lo trajeron a la cama, seguramente desde la ventana. Me parecía un caballo muy bello y muy bien hecho, para que fuera mío. Mis padres contaban, un tiempo después -y yo tenía la impresión de no poder negarlo-, que lo había roto "para ver qué tenía dentro". Todavía puedo ver algo la extraña colita hecha de algún tipo de fibras, que le salía, y que yo convertí en una primera vía de acceso. Otro año, he de recordar, fue una bicicleta de tres ruedas que me duró mucho. Era una bicicleta, alta y escueta, de puro hierro, y tal vez chillaba un poco. Oí decir a mis padres, de vez en cuando, que nunca me habían visto tan contento. Contaban que daba saltos de alegría. Esto no lo recuerdo.
Acabo. Llegó un año en que una de mis abuelas me entregó, como regalo de Reyes, un paraguas algo pequeño, un paraguas para niños. Comprendí de golpe que los Reyes se habían convertido en algo vulgar, que ya se confundían con los manejos familiares y cotidianos. Aquello se había acabado.
Sebastián.
PD.- Me gustaría saber, quitando lo que pudiera haber de penoso, cómo eran para Leo los "reyes" de sor Virtudes.