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Los hombres buenos
llevan dentro
un lagarto
que odia a los hombres buenos
Es la juventud
el único vicio que
sana el tiempo
Maldita sinalefa, que siempre odia los haikus.
Corre Júpiter
en el cielo tras Venus
al atardecer
Que venga el meteorito, el capitán trueno o un rayito de luz. Hay algo prohibido en Dinamarca.
fw ·
10-05-2026
solo hacía falta un lugar con autobuses y aeropuertos. un combo difícil. un lugar dispuesto a pagar la factura por la medalla
Es una asignatura pendiente. En El Mundo se descuelga -la viejecita de ochenta y siete años desde su casa del norte de Londres, todavía preocupada por los fontaneros cuando la muerte la tiene al final de la lengua- con que "la especie humana está completamente loca". No creo que tal idea sea el principio rector de un escritor al que se le otorga el Nóbel; teniendo en cuenta la condición del premio de marras (que la obra del autor, desde el punto de vista global, "apunte en la dirección correcta", o algo así) harían un flaco favor al ser humano disolviendo su responsabilidad en el concepto de locura y caos. Hace mucho que el absurdo dejó de ser algo con lo que justificar nada (me disculparás la chorrada pero vengo de ver el famoso video de los peleteros rusos despellejando vivos a los mapaches, o lo que quiera que sean esos pequeños animales, y se me ocurren malas ideas como que quizá Hitler tenía razón al ponerlos a la altura de las bestias de carga y optar por su total exterminio)
Sin que signifique nada, he visto que entre los candidatos estaba Philip Roth, que puede ser un autor muy desagradable, y Haruki Murakami. Hace diez años en pleno boom de la GenerationX confundí a este con otro Murakami, Ryu, con su famosa "Azul casi transparente" sobre unos chicos lanzados a la habitual orgía de alcohol y drogas en una base norteamericana en Japón, que igual está bien, pero las referencias al surrealismo hicieron que lo colocase en mi "black list"; lo más horrible es que desde entonces he estado confundiéndolo con Haruki, que mientras tanto despachaba millones de ejemplares de su "Tokio Blues". El mismo día que se celebraba el aniversario del satélite ruso empecé "Sputnik mi amor" y se me ha caído el alma a los pies. Al principio me recordó vagamente a Kundera -esa clase de escritor inteligente que maneja como nadie personajes e ideas-, con un punto de la inquietud casi desagradable que recorre toda la obra de Patricia Highsmith, esa sensación de estar siendo llevado por corrientes subterráneas que no puedes ver, y más tarde me recordó al Paul Auster de Leviatán, cuando conseguía hacernos perder el mundo de vista. Por lo visto la intelligentzia japonesa lo califica de "pop" (!!!) reprochándole su falta de alusiones a la tradición. Pero los japoneses se han vuelto tan sensibles a la amenaza de la pérdida de su identidad que incluso están legislando el lenguaje del país con mano de hierro. Es verdad que esta novela, al menos, podría haber sido escrita por un occidental, pero hay algo muy de Japón en el lirismo de su estilo y sobre todo en el tirón radical que siente hacia "Die Andere Seite" como decía Kubin, "el otro lado", en el más inexpresable de los sentidos (su gusto por Kafka lo delata). Si la literatura fantástica puede abrirse paso hacia algún sitio a estas alturas, es hacia donde Murakami apunta, o al menos en el tono en que lo hace, aunque persiste el dilema (bueno, no para mí, pero sí para muchos listos) de si la poesía puede ser de alguna utilidad al hemisferio occidental, u occipital, o como quiera que llamen a esa parte del cerebro donde se fraguan de forma consciente nuestras acciones en este mundo (como si esto, de ser verdad, no significara automáticamente la condenación eterna de toda la especie). Planteándose él mismo la pregunta de si una novela puede aportarnos algo desde el punto de vista del conocimiento, Murakami respondía en una entrevista: "Me parece que estamos viviendo en un mundo de caos absoluto. A veces es muy difícil para cualquiera de nosotros decidir cuál es el correcto camino que seguir y cuál el equivocado. Hay tantos caminos y tan pocos principios... En ocasiones, incluso no sabemos ni siquiera qué camino es el de delante y cuál el de atrás, qué lado es la derecha y cuál la izquierda, qué emoción es real y cuál de ellas es fingida. Por supuesto, no tengo la respuesta correcta a todo eso. No soy un profeta ni un líder de opinión. Pero, como escritor profesional de ficción, he estado intentando representar la situación de una manera fácilmente aceptable, tangible, a través de una narrativa viva y cautivadora. Como hizo Franz Kafka maravillosamente hace más de cien años". Desde el punto de vista simplemente lúdico Murakami es una maravilla, su escritura se basa en el símil (los más elegantes, universales y acertados que uno pueda imaginar) y su lenguaje está completa, absolutamente libre de ese cinismo tan siglo XXI. Un novelista fascinante.