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Los hombres buenos
llevan dentro
un lagarto
que odia a los hombres buenos
Es la juventud
el único vicio que
sana el tiempo
Maldita sinalefa, que siempre odia los haikus.
Corre Júpiter
en el cielo tras Venus
al atardecer
Que venga el meteorito, el capitán trueno o un rayito de luz. Hay algo prohibido en Dinamarca.
fw ·
10-05-2026
solo hacía falta un lugar con autobuses y aeropuertos. un combo difícil. un lugar dispuesto a pagar la factura por la medalla
Miedo me daba, lo confieso. He tropezado con tanto 'clásico' infumable, paliza y plúmbeo, que meter mano a Cortázar y su Rayuela (del que ni sus paisanos hablan bien en este foro, según he podido comprobar con una simple búsqueda) me ha tenido indeciso desde hace años. Pero tras la mala hoxtia del césar Pacumbraliano me dio por imaginar que si había soportado su foulard hasta el fin, bien podría ser que Rayuela me abriese otro prisma más conciliador con la literatura.
Confieso que he realizado una lectura 'tradicional', es decir, comenzando por el principio y acabando donde él dice que se debe acabar, allá por el capítulo 56. Pero ahora puedo prometer y prometo realizar la segunda opción, siguiendo el orden que sugiere al inicio.
Rayuela entusiasma y cabrea, ilusiona y hunde en la miseria, pero no deja indiferente. "Una desgarradora historia de amor", dice el 'profesor' Lupi en 'Lugares comunes', y así es. ¿Pero qué puede decirse de una 'novela' en la que no ocurre prácticamente nada, porque sus protagonistas suelen pasarse la vida tocándose las narices en un París de charlas, jazz, mate, fornifollando (sic) y pasando noches en blanco comiéndose el coco enredados en sus propios pensamientos? A veces invita a abandonarla, pero Cortázar escribe y lo hace muy bien. Te engancha sin prometer nada, te enreda con palabras, con su presunción de cultura marginal (¿cuantos nombres de supuestos autores, músicos, pensadores y demás gente de mal vivir que cita son conocidos por el común de los mortales?), y acabará llevándonos a un lúcido e ilusionante manicomio.
Nada de recomendarlo. El que quiera arriesgarse, ahí lo tiene. Si le atrapa como a mi quedará agradecido; al que le produzca rechazo, cabreo, aburrimiento o aversión, que no se prive: estrelle el libro contra el quicio de su propio gusto.