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Los hombres buenos
llevan dentro
un lagarto
que odia a los hombres buenos
Es la juventud
el único vicio que
sana el tiempo
Maldita sinalefa, que siempre odia los haikus.
Corre Júpiter
en el cielo tras Venus
al atardecer
Que venga el meteorito, el capitán trueno o un rayito de luz. Hay algo prohibido en Dinamarca.
fw ·
10-05-2026
solo hacía falta un lugar con autobuses y aeropuertos. un combo difícil. un lugar dispuesto a pagar la factura por la medalla
zinnia
Pues, pues, pues... Nu sé, leo, ¿del gulag? ¿de mao, stalin y pol pot, que se revuelven en sus tumbras y vienen a buscarte a tu casa en las islas Canarias?
A ver qué te parece lo que dice este ingeniero sobre los redimientos decrecientes, que no casa muy bien con esa teoría tuya y de Bubi de que a mayor crecimiento, por lo menos el crecimiento ficiticio del mundo occidental, el que os mola, mayor beneficio para todos. También pone en entredicho que el problema sean los costes de los trabajadores, esa gente sospechosa que sobra, según tú. Te pego un resumen.
"El lavavajillas doméstico funciona con la presión de la red, es decir unos dos bares en lugar de veinte, posee un descalcificador de juguete - ese agujero donde se pone la sal -, no tiene triturador y de ahí los malos olores y seca con una resistencia en lugar de con una soplante y de ahí su enorme gasto de energía. Vamos: un timo.
- ¿Por que?
- Porque el que funciona de verdad vale veinticuatromil más trescientos al mes de mantenimiento. El de la cocina vale setecientos Euros.
- ¿Por que las personas compran el de la cocina?.
- Porque no tienen dinero ni sitio para el que si sirve.
- ¿Y porque no lavan los platos a mano, total no son tantos y de todas formas "hay que pasarles un agua bien pasada".o sea: lavarlos.
- Porque les han vendido que con este cacharro de setecientos Euros "no tendrán que lavar los platos".
- ¿Y porque alguien vende algo que funciona tan mal e inclusive crean una industria alrededor de esto?
- Porque "se vende" y sube el PIB.
De esto van precisamente los rendimientos decrecientes: en lugar de pagar en efectivo pago con un chip que a su vez pago con una cuenta de PayPal que a su vez pago con una tarjeta de crédito que a su vez pago con una cuenta bancaria y también tengo que tener ordenador, ADSL, antivirus, etc. O en lugar de lavar los platos a mano en un momento los lavo con una maquineja donde antes de meterlos hay que "pasarles bien un agua, pero bien, bien", no lava ollas ni sartenes y hay que comprar además unas pastillas "especiales" de jabón, abrillantador, sal y desinfectante para los malos olores. Luego la máquina se tira un par de horas erre-que-erre. La ley de los rendimientos decrecientes es universal y se aplica a todo.
Llevamos décadas metidos en una espiral de rendimientos decrecientes. Yo me atrevería a decir desde finales de la década de los setenta y todo el tinglado hace eclosión en estos días. Solo hay que mirar alrededor y percibir la complicación existente hasta para las cosas más simples.
No debemos confundir el desarrollo tecnológico con la satisfacción de las necesidades humanas, no tiene nada que ver. Internet está ahí, es un gran vehículo para aprender lo que sea y para un sin número de cosas, pero es un pésimo instrumento para pagar la comida del cole.
La dinámica de los rendimientos decrecientes lleva a la sociedad a siempre mayores niveles de complicación y velocidad, llegando a convertirse en una especie de sociedad maníaca donde todo es un galimatías veloz y el resultado siempre es el mismo: mal. Hace sesenta años habían colas de dos años para adquirir un coche, ahora los fabricantes persiguen con propaganda, promociones, planes especiales, viajes a no sé donde a los consumidores que no necesitan de tantos coches, que ya no caben en las calles ni en las aceras y que en realidad se han convertido en un incordio por aquello del aparcamiento. Al mismo tiempo las fábricas de coches siguen con la producción a todo gas. Ellos mismos saben que sobra el veinte por ciento de la producción y solo hacen mirase los unos a los otros a ver quién será el que pasará a formar parte de ese veinte por ciento.
Tome usted cualquier modelo de coche, entre opciones, motorizaciones, colores y accesorios de cada modelo existen casi 1000 variaciones. Esas son mil variaciones de cada modelo de cada fabricante. En el catálogo de Amazon existen 1920 modelos diferentes de televisores, 600 modelos de cámaras compactas , 450 modelos de cámaras SLR y 1500 tipos de lentes para esas cámaras. En total se ofrecen 5.259.635 diferentes productos electrónicos. Si eso no es sobreproducción y rendimientos decrecientes que baje dios y lo vea. Mientras más fabricantes intentan fabricar y vender lo mismo y más se pisan los unos a los otros, mas piensan que el problema son los costes y a la final lo paga el más débil: el empleado. El problema en realidad es que a la sociedad occidental no se le ocurren nuevas ideas desde hace décadas, ni siquiera se le ocurre atacar antiguos problemas latentes como el acceso a la vivienda. El problema en las empresas y en toda la economía se lo achacan a los costes, que son muy altos y de aquí la lógica del lavavajillas: "no sirve pero es barato".
En 1961 un SEAT 600 valía casi lo mismo que un piso (65.000 pesetas) y había cola de dos años para comprar uno. Al día de hoy un coche muchísimo mejor vale un décimo de lo que vale un piso y hay que perseguir y engañar a los consumidores para que compren algo: el problema no son los costes. Lo importante es la necesidad, si de verdad hubiese necesidad de tanto coche las personas harían cola frente a los concesionarios. Todo esto se traduce en rendimientos decrecientes del capital. Cada vez las inversiones industriales son menos rentables por lo que dejan de ser atractivas. ¿Qué hacemos entonces con todo este dinero? Pues nos dedicamos a intentar ganar dinero con dinero y el mundo financiero de financiar a la industria pasa a financiar un galimatías especulativo que pocos entienden pero que busca encontrar la rentabilidad que ya no consigue en la industria: intenta buscar rentabilidad en sí mismo. Y todos sabemos que eso no es posible, pero de ilusiones también se vive.
Entonces el capital, siguiendo con la ley de rendimientos decrecientes, también quiere seguir haciendo lo mismo de siempre pero de forma cada vez más complicada y rápida, degenerando en el actual estado donde es más importante ganar cinco milisegundos en hacer tal o cual transacción que buscar un negocio industrial con nuevas ideas. El PIB del mundo es de unos 60 billones de dólares y se estima que hay unos 750 billones de dólares circulando. Esto quiere decir que existe muchísimo capital en circulación buscando una rentabilidad que la economía real no puede proporcionar y este es el problema de fondo de la crisis a la que hoy asistimos. La economía real tendría que multiplicar por más de diez sus beneficios para que esos 750 billones lleguen a significar algo. La masa salarial representa aproximadamente el 20% de los costes por lo que así todo el planeta trabajase gratis y sin ningún tipo de cobertura social lo más que se podría llegar a justificar como capital real serían 12-15 billones, el resto de esos setecientos y tantos tendría que desaparecer.
Si el mundo fuese una empresa sus ventas anuales ascenderían a 60 billones de dólares. Supongamos que fuese un muy buen negocio y que genere el 10% en beneficios luego de impuestos, es decir: 6 billones. Estos serian los réditos disponibles para resarcir a esa masa de 750 billones que anda a la búsqueda de dividendos. Con estas cuentas el capital disponible en el mundo rendiría bastante menos del 1%. Eso quiere decir que es imposible que la economía real genere los dividendos que la cantidad de dinero y por lo tanto de capital existente requiere, por esto el capital se enroca sobre si mismo buscando dividendos no en la economía productiva sino dentro de sí mismo: especulando los unos contra los otros.
Pero es imposible que especulando los unos contra los otros todos ganen dinero. Algunos ganarán, pero para el resto las pérdidas serán inmensas. Y aquí estamos. La cosa ha llegado a ser tan enfermiza que hoy es más importante tener una línea de comunicaciones rápida conectada a los ordenadores de las diferentes bolsas que invertir en industrias con cara y ojos. El mundo degenera en un ictus frenético donde las acciones de las empresas son vendidas y compradas cientos de veces por segundo sin importar la buena o mala marcha de esa industria y donde nadie sabe muy bien lo que pasa ni lo que hace. Solo el mercado de derivados suma unos 400 billones de dólares. Esos son productos financieros que no cotizan en mercados abiertos tales como la bolsa, en su lugar son productos "over the counter" eufemismo para decir que son productos que se compran y se venden los banqueros entre sí a precios pactados entre dos personas y que nada tienen que ver con la realidad.
Si el mundo tiene un PIB de 60 billones de dólares, unos 12 billones serán beneficio bruto -un 20% -. Eso arroja una cifra probable de entre 50-60 billones de dólares en capital invertido. El resto hasta llegar a los 750 billones es capital ficticio que tarde o temprano desaparecerá debido a que no se encuentra soportado por ninguna actividad productiva. Como mínimo las nueve décimas partes del dinero que circula hoy día en el mundo es ficticio, es producto de préstamos de unos supuestos inversores en realidad dedicados a especular. Tarde o temprano todo ese dinero tendrá que desaparecer.
No importa cuánto recorten salarios y beneficios sociales: nunca, pero nunca ni en sus más salvajes sueños la economía planetaria llegará a producir las suficientes rentas para satisfacer las pretensiones de tamaña montaña de dinero. De esos 750 billones, estimo que capital real es decir capital invertido en activos tangibles productores de réditos y capital de trabajo -cuentas por pagar de clientes, etc - será como máximo-máximo el valor del PIB mundial más digamos un 50%, o sea unos 90 billones de dólares que redondearemos en 100. De ahí hasta 750 billones es dinero que no representa absolutamente nada, y es dinero que tarde o temprano tendrá que desaparecer.
Desde donde ahora vivo puedo contemplar los inmensos edificios del centro financiero de Frankfurt. En el cristal de la ventana desde donde escribo esto, uno a uno se pueden ir tachando los inmensos rascacielos que los gobiernos han tenido que ir rescatando o que están con problemas. El majestuoso edificio de UBS a escasas cuadras construido en el antiguo jardín de la mansión Roschtild, mas allá se ven los casi sesenta pisos de Dexia y el edicicio del Commerzbank. Miles de jóvenes vestidos todos iguales de traje oscuro, corbata roja o azul y camisa celeste o blanca pasan por frente a mí puerta todos los días camino a esas inmensas moles: a seguir perdiendo dinero y a continuar con el desapalancamiento masivo al que asistimos hoy día, mientras los políticos creen que prestándoles más dinero podrán devolver los préstamos que han tomado para hacer las desastrosas inversiones en que se han metido.
Solo mentiras y más mentiras, el desapalancamiento continuará llevándose a muchos por delante. Desde hace décadas que debimos de haber cambiado de rumbo. El desapalancamiento, o sea la cantidad de dinero que se perderá equivaldrá a casi diez años de PIB mundial. El dinero del que dispone el estado es un submúltiplo de esta cantidad por lo que es imposible que ningún estado les pueda rescatar, es como ver a los políticos poniendo el dedo en el chorrito de agua que sale de la presa, mientras siguen apareciendo inmensas grietas.
Yo creo que la situación es irrecuperable."
zinnia