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© Sapristi - "Noches de Sing-Sing" (Reseña)
Al momento de citar hace unos días el título de "Noches de Sing-Sing" de Henry Stephen Keeler, como una de mis primeras lecturas, me entraron unas irrefrenables ganas de volver a leerla treinta años después. La experiencia, no concluída aún, me está proporcionando un raro placer en el sentido de descubrir realmente a su autor, el que otrora fue celebradísimo escritor de pulp y que ahora, como tantos otros, parece haber sido víctima del olvido más completo salvo con la consabida excepción de los frikazos más irredentos de turno. Puesto en contacto con el antiguo vecino Frozenjourney, gran experto en olvidados, me comenta, por ejemplo, que Keeler llegó a ser tan popular en la España de los años 40 que incluso -por relaciones muy cercanas con su editor- varias de sus novelas se publicaron en castellano quedando inéditas en inglés.

Con el tiempo, y para unos pocos, Keeler se ha convertido en eso que se ha dado en llamar "escritor de culto". Sin duda, sus "Noches de Sing-Sing" (de la que también hubo versión para el cine), su obra más representativa junto con "Las gafas del doctor Caligostro", encierra unas características tan personales, tan raramente calificables, que lo hacen atractivo de verdad. No es que su estilo sea deslumbrante, pues se acoge al modo dermatológico de escribir: frase corta, escasa adjetivación, acción continua, nula presencia de florituras, etc. sino que son sus argumentos bizarrísimos y extravagantes los que llevan al lector a aseverar que en las historias que plantea Keeler puede pasar de todo y sin que la lógica se resienta por ello.

Cuando recibí hace unas horas por parte de mi equipo de colaboradores la reseña que a continuación podrá leer el curioso, ya había explorado servidor la Red en busca de datos sobre Keeler y su obra. Para mi sorpresa descubrí esta interesante página oficial española: http://www.harrystephenkeeler.com/ y dentro de ella, el esclarecedor artículo que sigue: http://www.harrystephenkeeler.com/_el_personaje_mondobrutto.html No tengo duda que el "sector heterodoxo" de este Foro, de acercarse a la figura y obra de Keeler, podrá disfrutar con uno de esos tipos extravagantes que son adoración de freaks y devoción de mitómanos.

Para no alargar el introito, copio a continuación el informe que sobre "Noches de Sing-Sing" han redactado mis colaboradores y del que hace un momento he acusado recibo:

"El volumen que manejamos es un destartalado ejemplar de bolsillo editado por el Instituto Editorial Reus, Madrid, 1951 (4ª edición). La traducción se debe a un tipo que, o bien era tímido, o era muy malo o era un chinquichanca, dado que de su nombre no aparecen sino las iniciales -I. E. R.- En la primera página se incluye también una lista que recoge los títulos de las obras de Keeler publicadas en la colección y una nota publicitaria de tintes decimonónicos:

"¡¡20 libros de Harry Stephen Keeler!! Harry Stephen Keeler es autor, hasta la fecha, de 65 novelas que han sido vertidas al alemán, holandés, sueco, noruego, checoslovaco, polaco, portugués, finlandés, ruso, francés y español, haciéndose ediciones de centenares de miles de ejemplares en Inglaterra y Norteamérica. Los libros de Harry Stephen Keeler, vertidos al español irán primorosamente editados, encuadernados en tela con cubierta tricolor, y su precio no será nunca inferior a 10 pesetas ni superior a 40".

Pero yendo al turrón, diremos que las historias que se suceden en "Noches de Sing-Sing" parten de un argumento tan inverosímil como llamativo:

Tres condenados a muerte pasan sus últimas horas en una celda del famoso establecimiento penitenciario antes de que al amanecer se vean obligados a tomar asiento, por turno, en una incómoda silla llena de correas y cables que dan calambre. Los condenados, un americano, un inglés y un ruso (falta el ep-pañó para que esto parezca el inicio de un chiste) han sido acusados de asesinar a un célebre escritor. Lo excepcional del suceso, aparte del carácter simultaneo del crimen, es que los tres hombres son también escritores de éxito. Algo así como lo que sucedería en este Foro de uds. caso de que tuvieran éxito y pistolitas.

Tras el breve diálogo inicial del que el autor se sirve para presentarnos a sus personajes, entre los que incluye a Shanahan, un poli irlandés que cumple funciones de carcelero, hace su entrada en la celda el gobernador Villets. Después de un discursito/rapapolvo donde afea la conducta de los condenados y que sirve para aclarar al lector muchas circunstancias del asesinato, Villets extrae de su abrigo el sobre que contiene una orden de indulto. En el documento -ya firmado por él- aparece en blanco el renglón donde deberá estamparse el nombre del indultado. Uno solo.

El simpático gobernador basa su juego en que al fiambre se le encontraron dos balas en el cuerpo mientras que en la escena del crimen son intervenidas tres armas, por lo que, concluye, uno de los acusados no disparó su revólver. Esta concesión al autor, al que la ciencia balística se la trae floja, será la primera de una larga serie de estrambóticas curiosidades que encontremos en la novela.

Apenas sorprendidos por la situación que se les plantea y una vez que Mr. Villets abandona la celda, nuestros hombres deciden que ya que son escritores no es cuestión de jugarse el indulto a los chinos o a la pajita más larga, sino que para amenizar por demás la velada, es más chulo organizar un concurso de cuentacuentos. Es así como decidiendo que sea Shanahan, el guardián, público y juez del certamen, improvisará cada uno una historia que entretenga, deleite y mantenga en suspenso tanto al poli como al lector. El extravagante planteamiento propio de "Las mil y una noches" dará paso al primero de los relatos y con él a las situaciones más bizarras y sorpresivas. Se tratará de "La extraña aventura de la mariposa gigante", improvisación de McCaigh, el americano del trío, que no se cortará un pelo en mezclar ingredientes tales como un baile de disfraces, un entomólogo chiflado, un japonés malévolo, extorsiones y toda clase de desafueros en el Chicago más salvaje.

Al americano seguirá Krenwicz, el ruso, y su no menos morrocotuda "La extraña aventura de las doce monedas de Confucio" donde, entre otras escenas insólitas se incluye la entrevista que Barton, el prota, le hace a la princesa china O Lyra Seng, claro ejemplo de cómo Keeler gustaba de disparatar. Para terminar, será el inglés Eastwood con el insólito caso de "La falta de un eslabón" quien dará pie al carcelero para emitir un veredicto.

Una vez concluída la última historia y para sorpresa de todos..."

Y hasta aquí puedo leer, ya que mis colaboradores subsaharianos, celosos de no destripar argumentos han decidido cortar la reseña por lo sano. Como dice el simpático Salim N'Gó, quien quiera peces que se moje el culo o que utilice nuestro servicio de spoilers privados. Por mi parte, sumido en el muermo de escribir tanto y tan seguido, me retiro a continuar con la lectura.

-Oiga, ¿y no le parece que esta reseña no es mas que un disfraz para ocultar que, en realidad, Keeler era un escritor horrendo, algo así como el Ed Wood de la novela de misterio?

-Hombre, qué quiere que le diga... es una opinión.

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