ROSTRO
El arado del tiempo no solo abre la piel llenándola de arrugas, agujeros, granos y pilosidades en una función sin pausa que fabrica una cambiante orografía, sino que también va dando lugar a asimetrías tan deformantes como las que nos arroja el espejo, ¡terrible espejo!, del esperpento.
El arado del tiempo no solo abre la piel llenándola de arrugas, agujeros, granos y pilosidades en una función sin pausa que fabrica una cambiante orografía, sino que también va dando lugar a asimetrías tan deformantes como las que nos arroja el espejo, ¡terrible espejo!, del esperpento.



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