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imágenes
malak.
desde un lugar que nunca existirá.
imágenes. uno.
hay un banco de piedra en la plazuela umbría;
hay un ciprés y un seto de tristes aligustres;
hay un rosal desnudo con las espinas romas
y un arriate estrecho cubierto de hojarasca;
ha llovido esta tarde y en la tierra reseca,
mínimos pero ufanos, se han formado dos charcos;
dobla la esquina un rayo de sol tuberculoso...
...tímido y enfermizo atravieso las nubes,
buceo entre las ramas del ciprés y me rasco
la espalda contra el muro de piedra de tu casa;
recubro los barrotes del balcón de madera
con un barniz brillante, como de pan de oro;
infantil, gesticulo frente a los ventanales
y me retiro inquieto al verme reflejado;
bajo después al suelo; correteo entre los charcos;
beso la piedra fría del banco y me acurruco
junto a los escalones de la puerta esperando
que salgas y acaricies con tus pasos mi frente.
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imágenes. dos.
se asoma tras las ramas jugando al escondite;
por los ojos abiertos de la torre se cuela
esquivando el sonido de la vieja campana;
con una nube teje un velo transparente
para cubrirse el rostro como una virgen mora;
hace un guiño y desvela sus mejillas de niebla;
toma impulso y se sube a la testuz del monte;
baja luego rodando hasta el valle y el río
se convierte en espejo, egoísta y avaro,
que trata de abrazarla y retenerla; escapa
aferrada a las plumas de las alas de un búho;
y tras ganar altura se arroja sobre el lecho
cereal que las mieses acamadas le ofrecen;
tras un descanso breve, se despereza y salta
de nuevo hasta la frente del monte y se derrama
--calabaza de leche-- en dulcísimas hebras
de cabello de ángel que brillan en la noche;
la luna va a estallar de tan hermosa !
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recuerdos. París.
septiembre; cae la tarde; el Puente Nuevo observa
el paso silencioso de un Sena adormecido...
jugando al escondite tras la dama metálica
el sol dibuja líneas de oro sobre el río;
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recuerdos. Scheveningen.
una mañana azul de primavera, finalizando abril,
mil novecientos uno, en una playa --scheveningen...
el sol, atravesando el indefenso vidrio
de inmensas claraboyas, cálidamente roza
el rojo terciopelo que cubre los asientos
y provoca reflejos en las tazas de plata;
el café, el chocolate, los bollos y la leche,
las galletas danesas de fina mantequilla,
las compotas de frutas, el zumo de naranja...
los aromas se cruzan como si fueran hilos
transparentes formando un tapiz invisible;
los amplios ventanales se abren a la playa;
la arena es blanquecina; el mar, azul oscuro;
se ven algunas barcas varadas en la orilla,
y más lejos, las dunas, amarillas e inquietas,
solazando sus cuerpos de oro entre los juncos.
las sombrillas despliegan sus telas bicolores
y cubren con su sombra la piel de las hamacas;
la brisa de poniente alborota las páginas
de un breve poemario de tapas enteladas;
un camino de tablas llega hasta el agua y deja
que las olas lo besen, fugaz y suavemente;
de vuelta al "Promenade", antes de la comida,
un baño de agua tibia perfumada con sales;
en todos los pasillos del hotel hay floreros,
de todos los tamaños, de todos los colores;
los olores conviven sin mezclarse siquiera,
nardos y tulipanes, y lirios, y jazmines...
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