De tanto y con tan poco que mirar he aprendido cosas de las sillas
amarillas.
La estancia se derrumba,
se detiene la arena del reloj,
se humedece el aire y
ahoga,
ahoga,
ahoga la no esperanza.
Las sillas amarillas tienen ojos, nos miran indiferentes y
despiadadas.
Ellos lloran,
Se abrazan se distancian y lloran,
lloran,
lloran
lloran
frente al escaparate de los claveles de olor.
Te vistieron de Viernes de Dolor,
te maquillaron para la última fiesta.
Y no eras tú la que se despedía en la sala de las sillas amarillas.
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© MAR
15 Abril 2009 es.humanidades.literatura
FATIGA SOBRE LAS SILLAS AMARILLAS
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