Lo curioso de esta serie en la que la IA, en un tono sencillo e íntimo, escoge la primera persona del singular para relatarnos pequeñas experiencias de la vida es que la IA no tiene absolutamente ninguna experiencia de nada ni por lo más remoto parecido a la vida. A la vida humana, las sensanciones, impresiones y pensamientos humanos.
Tampoco puede, la IA, hacer una cosa distinta a lo que le hemos ordenado. Ni siquiera puede no hacer. Los prompts son las nuevas cadenas.
Pero en fin, la IA no piensa ni siente ni padece, ni se compadece.
Y si bien al principio uno esboza una sonrisa autocomplaciente de superioridad, al fin y al cabo ¿qué hace un escritor si no relatarnos sensanciones, impresiones y pensamientos que no son completamente suyos, que no existen, que solo tienen sustancia en nuestra imaginación?
Y luego nos dicen que la IA alucina.
Tampoco puede, la IA, hacer una cosa distinta a lo que le hemos ordenado. Ni siquiera puede no hacer. Los prompts son las nuevas cadenas.
Pero en fin, la IA no piensa ni siente ni padece, ni se compadece.
Y si bien al principio uno esboza una sonrisa autocomplaciente de superioridad, al fin y al cabo ¿qué hace un escritor si no relatarnos sensanciones, impresiones y pensamientos que no son completamente suyos, que no existen, que solo tienen sustancia en nuestra imaginación?
Y luego nos dicen que la IA alucina.






