¡Oh llama de amor viva!
Autor: San Juan de la Cruz (c. 1584)
¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
¡rompe la tela de este dulce encuentro!
¡Oh cautiverio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
que a vida eterna sabe,
y toda deuda paga!
Matando, muerte en vida la has trocado.
¡Oh lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su querido!
¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras:
y en tu aspirar sabroso,
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras!
Fuente: Texto basado en la edición del Cántico Espiritual y Poesías de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (Dominio Público).
Escrito en el siglo XVI, San Juan utiliza un lenguaje que hoy nos suena casi erótico para explicar algo muy difícil de contar: la unión de su alma con lo divino. Lo curioso es que el autor no usa palabras de "paz y tranquilidad", sino términos de alto voltaje: fuego, heridas, quemaduras y cautiverio.
Tres claves rápidas:
- El masoquismo místico: San Juan habla de una "regalada llaga" y un "cautiverio suave". Nos dice que el amor verdadero duele, pero es un dolor que sabe a gloria.
- La "tela": Cuando pide que se "rompa la tela", se refiere a la vida misma. Está tan emocionado que siente que la única barrera para estar con su Amado es esa fina capa de existencia física.
- Luz en la cueva: La metáfora de las "cavernas del sentido" es una forma increíble de decir que, cuando uno está enamorado (o iluminado), hasta los rincones más oscuros de su personalidad se llenan de luz.
En resumen: un poema breve, pero con más energía que un café triple.