Nuestra Indah ha fallecido el pasado Domingo 24 de Mayo.
Un beso enorme, guajina, con uno de tus muchísimos poemas.
Mar
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Plegaria
Libérame, amor, para quererte,
del deshielo de abril, del viento frío,
del golpear continuo del hastío,
de este estar sin estar. De sorprenderte.
De haber llegado a ti. De conocerte.
De soñar con ser flor, torrente, río.
De este tentar tu corazón al mío,
con el zaino capote de la suerte.
Martirio. Sinrazón. Dolor que ensalma,
es este ansiar -¡ansiando poseerte!-
ser sólo sombra azul: tu mar en calma,
tu torre, tu pasión, tu contrafuerte.
Cuando la angustia se adueñe de mi alma:
¡libérame, amor, de esta no muerte!
[© Indah. Marzo de 2002]
Indah - In Memoriam
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En mi (también) arden sus pájaros
No importa irse. Irse vale quizá como quedarse. Quizá más.
J. R. Jiménez
DEFINICIÓN Y SUSTANCIA
Todo se olvida, dices.
Y el verano, pienso, llegará, como siempre.
Y el otoño:
simplicidad perfecta de lo esperado.
EXPULSADA DE LA MEMORIA
No te escucho:
oigo cómo crecen mis uñas,
cómo el miedo se ha hecho dueño del barrio,
de la ciudad.
Cómo se acercan tus pasos.
O se alejan.
DE LA CALLE CÉNTRICA DE TU POESÍA
Vuelves. Crees que todo puedes conjurarlo.
Como antes.
Que aún juegas a plantarle batalla a tu abecedario de soldaditos de plomo.
Nadie está solo cuando a nadie espera, pienso.
EN ESAS TARDES CANSINAS
Limosneas mi tiempo. Espera, dices.
(Sí, aún lo recuerdo: tus dedos encalaban
la línea del horizonte de mis párpados;
avaro, el mediodía se enrocaba en las flores del almendro.
Pasó la lluvia. Y te amé).
No preguntes: se extravió el futuro.
LA LUZ INSINÚA LOS GESTOS
Por eso siempre vuelve, dices.
«No importa irse. Irse vale quizá como quedarse. Quizá más»
-pienso-.
Insinúa esa luz que no se extinguirá nunca.
Quizá hablas de aquella que asomaba tus ojos
al borde de los míos, y acallaba instantes
y derrumbaba límites.
Olvidas que cada singladura reclama sus olas,
sus espumas.
Creo.
DONDE GRITO TU NOMBRE
si redescubro espliegos
y lagartos dormitando a la sombra de las espadañas
-o transparencias de sol entre las buganvilla-
y hallo tu comienzo, atempero mi pulso.
Busco un despertar súbito, silencioso, certero como un disparo
y asciendo desde la oscuridad a la luz,
camuflada en la mísera condena perpetua del día
(antes de que la palabra me mate poco a poco:
cuando le apetezca).
Si me ha de encontrar la muerte,
al menos que se tome el trabajo de buscarme
entre lo pájaros que arden en mí,
o en el impronunciable magma de sílabas,
que hoy urge y golpea -fuego que no se apaga- mi garganta, mis labios.
©Indah
En mi (también) arden sus pájaros
No importa irse. Irse vale quizá como quedarse. Quizá más.
J. R. Jiménez
DEFINICIÓN Y SUSTANCIA
Todo se olvida, dices.
Y el verano, pienso, llegará, como siempre.
Y el otoño:
simplicidad perfecta de lo esperado.
EXPULSADA DE LA MEMORIA
No te escucho:
oigo cómo crecen mis uñas,
cómo el miedo se ha hecho dueño del barrio,
de la ciudad.
Cómo se acercan tus pasos.
O se alejan.
DE LA CALLE CÉNTRICA DE TU POESÍA
Vuelves. Crees que todo puedes conjurarlo.
Como antes.
Que aún juegas a plantarle batalla a tu abecedario de soldaditos de plomo.
Nadie está solo cuando a nadie espera, pienso.
EN ESAS TARDES CANSINAS
Limosneas mi tiempo. Espera, dices.
(Sí, aún lo recuerdo: tus dedos encalaban
la línea del horizonte de mis párpados;
avaro, el mediodía se enrocaba en las flores del almendro.
Pasó la lluvia. Y te amé).
No preguntes: se extravió el futuro.
LA LUZ INSINÚA LOS GESTOS
Por eso siempre vuelve, dices.
«No importa irse. Irse vale quizá como quedarse. Quizá más»
-pienso-.
Insinúa esa luz que no se extinguirá nunca.
Quizá hablas de aquella que asomaba tus ojos
al borde de los míos, y acallaba instantes
y derrumbaba límites.
Olvidas que cada singladura reclama sus olas,
sus espumas.
Creo.
DONDE GRITO TU NOMBRE
si redescubro espliegos
y lagartos dormitando a la sombra de las espadañas
-o transparencias de sol entre las buganvilla-
y hallo tu comienzo, atempero mi pulso.
Busco un despertar súbito, silencioso, certero como un disparo
y asciendo desde la oscuridad a la luz,
camuflada en la mísera condena perpetua del día
(antes de que la palabra me mate poco a poco:
cuando le apetezca).
Si me ha de encontrar la muerte,
al menos que se tome el trabajo de buscarme
entre lo pájaros que arden en mí,
o en el impronunciable magma de sílabas,
que hoy urge y golpea -fuego que no se apaga- mi garganta, mis labios.
©Indah
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