Frente a la localidad de Santa Marinella, al norte de Roma, un equipo de arqueólogos y geólogos submarinos de la Universidad La Sapienza y el Centro de Estudios Marítimos ha documentado los restos de un antiguo muelle y embarcadero etruscos que llevaban siglos ocultos bajo el agua, a apenas medio metro y dos metros de profundidad. Según los investigadores, se trata de la evidencia más antigua conocida de un punto de amarre vinculado a un templo etrusco.
La estructura se extiende unos 60 metros paralelos a la costa y otros 35 hacia el mar, formando una planta en L que protege una dársena de unos 3.000 metros cuadrados. Los bloques de piedra, cubiertos hoy de algas y praderas marinas, se levantaron sin mortero hidráulico: una técnica que, junto al nivel del mar de hace siglos (entre 1,2 y 1,4 metros más bajo que el actual), sitúa su construcción entre los siglos VI y III a.C., antes de la llegada de Roma.
El hallazgo, publicado en el Journal of Cultural Heritage, se ha localizado a solo 130 metros del santuario de Punta della Vipera, un templo dedicado a la diosa Minerva excavado ya en los años sesenta. Su entrada miraba hacia el mar, lo que sugiere que los fieles llegaban en barco y subían después hasta el santuario. En las excavaciones del templo aparecieron monedas fenicias y cartaginesas, y tejas idénticas a las halladas en el fondo de la dársena, lo que confirma el vínculo entre ambos enclaves.
El puerto no era solo religioso: su cuenca permitía maniobrar embarcaciones de entre 15 y 20 metros de eslora y sostenía el tráfico comercial entre las ciudades etruscas y el resto del Mediterráneo. Un estrecho canal de apenas 60 centímetros, abierto en el espigón paralelo a la costa, permitía la circulación del agua y evitaba que se acumulase el sedimento. La presencia de monedas cartaginesas apunta incluso a que barcos procedentes de Cartago llegaron a fondear aquí.
Buena parte de la estructura original desapareció con el tiempo: muchos bloques se reutilizaron en construcciones posteriores, sobre todo a finales del siglo I a.C., cuando se levantó una villa romana en la zona y parte de la piedra fue a parar, según los investigadores, a una piscifactoría cercana. Aun así, lo que queda recuerda a otros puertos fenicios y griegos del Mediterráneo, como los de Tiro, Sidón o Anfípolis.
Los textos antiguos siempre atribuyeron a los etruscos un notable poderío naval, pero hasta ahora apenas había pruebas materiales de sus infraestructuras portuarias. Este hallazgo empieza a llenar ese vacío y confirma que, para este pueblo, el mar no era solo una vía de comercio, sino también un camino sagrado hacia sus templos.
Vía | La Brújula Verde

