El manuscrito Voynich (Beinecke MS 408, conservado en la Universidad de Yale desde 1969) es uno de los grandes misterios de la historia del libro: unas 240 páginas de pergamino llenas de plantas imposibles, diagramas astronómicos y un alfabeto que nadie ha logrado leer. La datación por radiocarbono sitúa sus pieles entre 1404 y 1438.
Ahora, la especialista Lisa Fagin Davis, directora ejecutiva de la Medieval Academy of America, y el investigador Colin Layfield, de la Universidad de Malta, proponen en la revista Digital Medievalist que el libro está mal encuadernado. Según su tesis, habría sido concebido como una serie de "singuliones" (hojas dobladas por la mitad y apiladas) que alguien unió en un orden equivocado entre mediados y finales del siglo XV. Eso explicaría rarezas como que cada escriba parezca haber escrito una sola hoja o que algunas ilustraciones crucen el margen entre páginas muy alejadas.
Para comprobarlo, Layfield aplicó el análisis semántico latente (LSA), una técnica estadística de los años ochenta que compara bloques de texto y mide su parecido. Se eligió precisamente porque el manuscrito contiene muy pocas palabras para los métodos de inteligencia artificial actuales, que necesitan enormes cantidades de datos. El resultado: algunas páginas muestran poca afinidad entre sí pese a estar juntas, y otras, muy parecidas, aparecen separadas.
Conviene ser prudentes
- No hay traducción: es una hipótesis sobre el orden de las hojas, no una lectura del texto.
- La propia Davis recuerda que ni siquiera se sabe si el libro esconde un código.
- Si el orden era otro, muchos intentos anteriores de descifrado, que partían de la secuencia actual, tendrían que revisarse.
El equipo seguirá trabajando con una mancha de humedad que afecta a la parte superior de varias hojas, con la esperanza de que ayude a reconstruir su disposición original. Seiscientos años después, el Voynich sigue sin hablar, pero quizá ahora sepamos por dónde abrirlo.

