En una época en la que la inteligencia artificial promete velocidad, volumen y respuestas instantáneas, la lectura reaparece como una práctica de resistencia. No compite con la máquina en productividad; compite en algo más decisivo: la formación de criterio. Leer exige pausa, interpretación y una relación íntima con el lenguaje que ninguna automatización puede replicar del todo. Por eso, más que un hábito cultural, hoy leer se parece a una tecnología humana esencial.
Vía | El país

