El virtuoso de la inteligencia
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I

Cuando mira en derredor se le frunce
la boca en obcecadas angosturas
de artesano inmerso en laborioso cometido:
tomar medidas azules de cuanto le rodea,
a fin de amueblar su mente
con reproducciones a escala del universo innúmero.

El virtuoso de la inteligencia colecciona
facsímiles perfectos de las cosas, que repasa
con la frecuencia de quien consulta su muñeca.
No se equivoca cuando afirma cantidades.
sabe el quilate justo del diamante, y sin embargo
es inmune al brillo de una gota
de rocío engarzada en brizna tierna.


II

Una mujer desembarcó de un sueño
(o, lo que es lo mismo, del futuro)
para enseñarle a contemplar el místico
resplandor de sol yaciendo en nieve. El virtuoso
parpadeó deslumbrado, y su boca
se reveló contrapunto invertido.

Como un pólipo, su corazón
se desató en tentáculos, para apresar
a la mujer en un ciego furor de alborada
o despedida. Clavó pronto
sobre una carne que supuraba temblores
la maldición del enamoramiento.


III

Ella quedó dormida en la madriguera de sus brazos
salpicados de lunares; confluencia
de dos cauces rebosantes de estrellas.
Sin embargo, el virtuoso de la inteligencia
no había consumado el sacramento de una carne en otra,
porque el telón del abandono
jamás recubre el agua de esos ojos
y a dios no se le puede recibir sin mirar dentro.


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