EL CHIVO
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De nuevo en el umbral, el señor Julián, refulgente el plástico de su dentadura postiza estrenada semanas antes, pasó al patio caminando con parsimonia. En la mano, una piedra de afilar recibía, alternada, la hoja de un cuchillo con la punta rota. Un viejo cuchillo de cocina cortante como una navaja de afeitar. Un cuchillo ascendido tal vez desde la humildad primera de pelar patatas. El padre, sorprendido, se sonó otra vez la nariz.


-Entonces en qué quedamos... ¿Te llevas la mitad? Vais a ser muchos esta Nochebuena Ya te dará Rosa aceitunas también- dijo el señor Julián sin detener sus movimientos precisos. Los niños, en cambio, interrumpieron el juego, interesados ahora por el ris-ris del cuchillo sobre la piedra. El chivo ramoneaba entre los jaramagos y las arañas urdían sus telas grises en los rincones.


-Llévate para que lo pruebe tu madre- dijo la señora Rosa fregoteando la madera de una mesa destartalada, una mesa blanqueada de lejía que recibía el agua como chorretones de pintura.


Desoyendo las protestas de los niños y a trompicones, el padre, alarmado de repente, consiguió llevarlos hasta la puertecilla que daba a la calle. Los niños se obstinaban en volver con el chivo y sólo la promesa de la señora Rosa de dejarlos jugar por la tarde los calmó.


-Pero cómo... ¿Ya te vas?- exclamó con sorpresa el señor Julián bajando los brazos.


-Venga, dejadlo descansar ahora que el chivito se tiene que ir a dormir, ¿verdad Julián?- la señora Rosa despidió a los niños con nuevos arrumacos mientras guiñaba un ojo al padre.


Cuando salían, el señor Julián dejó la piedra de afilar sobre la mesa y se acercó sigiloso al chivo. Fue lo último que vieron. Unos troncos apilados servían de hogar y alimento a la carcoma. Encima de ellos el chivo, ajeno a cualquier señal, se entretenía con el aleteo de una mariposa de invierno.


.....


Fin

por © Sap.
NavyTales, v.2006




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