Mi Lovetale (dedicado a alb y clelia)
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Allí estaba ella, tirada en la cama, sudando como una cerda; semidesnuda e implorando la atención de su amado.
-Me encuentro mal -le dijo ella con un hilillo de voz.
A Alb le repugnaba cada vez más aquella visión, había engordado demasiado. Apenas se podía levantar de la cama, para ir hacer sus necesidades o recoger el plato de comida que le dejaba al lado. Se llamaba Azucena, pero a ella le gustaba que la llamasen Clelia, su nombre de guerra cuando hacía la calle. Él, simplemente la llamaba “gatita”.
Estaba boca arriba y con las piernas abiertas, deseaba que se le pusiera encima y la escarbara a fondo como hace el colibrí con una flor mustia. El efecto de los barbitúricos se había relajado y ahora necesitaba sexo.
Alb no le hizo caso, se fue hasta la mesilla de noche y sacó algo de cocaína para dársela. Pero de nuevo se lo pensó mejor.
-¿La quieres? -le preguntó mientras meneaba la papelina delante de su cara- Pues cógela.
Clelia hizo un esfuerzo sobrehumano para incorporarse.
-Gatita, gatita, ven, pshhh...
Ella avanzó como pudo, con la vista nublada y arrastrando sus 120 quilos de peso. Extendiendo su temblorosa mano, le suplicaba que se la diese. La deseaba más que cualquier otra cosa en el mundo, más que a él. Pero el largo de la cadena que la ataba a la cama la detuvo.
Alb soltó una sonrisilla. Se dió media vuelta y abandonó la habitación. Retomó el vaso de whiskey y sus pensamientos: “Ya es hora de cambiar de gatita, jeje”.
*FIN*
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