Cuando el Destino hace mal las cuentas.
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Usted sube al segundo vagón del subte, por la puerta del medio. Al mismo tiempo, por la puerta de la derecha, desciende un señor alto, de traje marrón.

Acaba de producirse un desencuentro irreparable, porque usted es la mujer que ese hombre buscará, inútilmente, por todo el planeta, durante el resto de su vida, y él es el hombre que estaba destinado a hacerla feliz para siempre.

Ambos ignorarán, definitivamente, por qué sienten ese eterno e inexplicable desasosiego, y nunca sabrán que el verdadero amor pasó por sus vidas por la puerta equivocada.

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