Cuentan las crónicas Sasánidas que hace muchos siglos, antes de que lo blanco fuera blanco y lo negro fuera negro, un hombre y una mujer se enamoraron locamente.
Ocurrió en Bab al -Mandeb, la "Puerta de las Lágrimas".
La leyenda relata que cuando llovía en el corazón de él, las gotas resbalaban por las mejillas de ella, y que no podían amarse pues cada vez que lo intentaban, el aire se oscurecía y un mar de sangre ascendía hasta el cielo donde se convertía en una nube de melancolía y tristeza. Y entonces... llovía en el corazón de él... y resbalaban las gotas por las mejillas de ella...
Las lenguas del lado del mar Rojo dicen que tal desgracia acontecía por los secretos que albergaba el corazón de ella. Cuentan las lenguas del golfo de Adén que era por los ocultos en el corazón de él. Pero las lenguas más ancianas, que no suelen equivocarse, aseguran que nadie nunca supo toda la verdad.
Las más antiguas narraciones cuentan que la niebla baja, que aún brotaba de la tierra, conmovida por la tristeza de sus ojos, se alzó un día en la noche mil, cuando el norte aún no era norte, cuando el sur aún no era sur, voló a la corte de los siete sabios y soplando al oído de Han al- Rasi, el más sabio de los sabios, conocedor del secreto que unía a los corazones enamorados, le preguntó cómo acabar con el daño que atormentaba a la pareja.
Cuéntase que la niebla regresando tan pronto como las celosas nubes se lo permitieron, se inclinó sobre los húmedos párpados de ella y entre gota y gota, lluvia y lluvia, le desveló el secreto que el gran sabio, el más sabio de los sabios, Han al -Rasi, le había confesado.
Sucedió que la amada formó una cadena con las gotas saladas que se deslizaban por su rostro, y que entonces, el viento del norte, avisado por los mares del sur, las depositó cuidadosamente entre los labios de él.
Y en efecto, tan pronto como la luna iluminó aquellos labios salados, las gotas se deshicieron en su boca.
Y dejó de llover en el corazón de él para siempre.
Este es el testimonio de aquellos que los vieron languidecer en las mieles de la espera. Dicen que ella estaba oculta en una de aquellas lágrimas y que, por la aurora y el amanecer, las noches y las llanuras, las colinas y los poemas, consiguieron de ese modo lo que nunca nadie, nadie, ni muchos siglos antes, ni muchos siglos después, pudo conseguir.
Amarse eternamente en el eclipse de una lágrima.
lovetale
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