porque al menos he sido
valiente"
Tienes razón, soy como una niña pequeña y metí los dedos en el enchufe. No soy tan magnífica", te dije, ¿recuerdas?, y quise decirte por qué mirándote a los ojos, porque hay escenas en las que hay que volver la cabeza y hacer que se encuentren las miradas, como cuando sigues una película mientras pintas las paredes del salón y, de pronto se hace el silencio.
Desde entonces no he hecho más que gritarte: te equivocas, yo no soy lo que buscas, soy tu colega, es imposible, yo no puedo darte lo que necesitas, en cada poema, en cada gesto, en cada susurro, en cada palabra no dicha.
Pero creo que además de miope también eres sordo.
¿Que no? Claro, tienes toda la razón, al mismo tiempo no podía despegarme de ti y esto que digo no es más que la mordedura de un perro en una piedra. ¿Querrás que me revuelque también en el fango? Soy una farsante y te diré hasta que punto: me estoy muriendo y nadie se da cuenta.
No me juzgues, ya lo hecho yo.
Solo yo conozco las noches en vela donde las lágrimas no se me caían, se me escapaban en un mortal silencio. Y, tienes razón, no eran por mi último amor sino por el amor de mi vida que llegó demasiado tarde. No, demasiado tarde no, nació contrariado pues quienes se aman son estos dos de ahora, en este río que fluye con todo lo que le rodea. Supongo que cuando se está enamorado siempre parece el de verdad y que todos los demás solo fueron reflejos. Aunque yo no recuerdo haber sentido nunca... este es sublime, sin duda, pero como aquellos, tampoco soportaría cien podaduras de césped.
Mas cuando se siente, se siente, no se puede racionalizar. Tú lo sabes, yo lo sé.
¿Miedo? Sabes que siempre te tuve un poco y no sé si temía más a tu cólera o a que no me creyeras, a que dudaras de lo que siento, supongo que a ambas cosas por igual.
Yo seguiré hablando alemán con acento argentino, te lo digo, pero espero volver algún día y que entonces me hables de esa felicidad que encontraste frente a la parada del autobús, a la entrada de la estación o esperando bajo la lluvia un taxi, de esa felicidad a la que le mostraste de ti lo mismo que me mostraste a mí y que ahora me abraza. No negaré que me sentiré celosa, eso seguro, pero de alguna manera también me alcanzará a mí, y será porque en verdad, en verdad, te quiero.

