NOCHEVIEJA EN COTOS
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José Luis, ya sabes, el que tenía aquella novia tan mona y que era paisano tuyo, de Jaén. Lo encontré antes de Navidad y me hizo recordar un viaje, bueno una excursioncita al puerto de Cotos en Nochevieja de hace muchos, muchos años. El estaba en la cola del despacho de Renfe de Alcalá con Marqués de Cubas y yo iba sacar billete para Cercedilla-Navacerrada, con el amargor del fallo de ese íntimo que a ultima hora te hace la cusqui. Charlamos, le convencí que era mucho mejor subir a la sierra que soportar a sus viejas tías, con el protocolo familiar y el encorsetamiento de un aburrida capital provinciana. Tú, ¿recuerdas los ensayos para el rigodón en casa de la marquesa y su sobrino Periquín?. Pues eso, que le convencí y cambió de ruta. Yo tenia acompañante, y soñaba con la ultima noche del año esquiando con antorchas desde casi la laguna de Peñalara hasta el chalet del Alpino. Y cena sin protocolos, chavalas aburridas que acompañaban a sus padres y lo que cayera. Pero eso va aparte, mi don Lope. En el viaje Jose Luis me contó sus amoríos a distancia, la postura crítica de la familia de la moza, sus fracasos para ingresar en la Escuela de Minas... bueno la historia que tú debes conocer casi directamente pues te tocó de refilón o al menos eso oí cotillear en el Varela al jaenero presumido de una fábrica de harinas.

Te resumo, que llegamos al Puerto la tarde vencida, que nos calzamos los esquíes de travesía y hala, por la carretera hasta Cotos, sin más luz que una luna casi celada pero sin frío. Llegamos al chalet del Alpino y suerte la nuestra, éramos los únicos jóvenes machos. Los que habían llegado antes, familias y lo esperado y soñado: cinco o seis chavalas con ganas de juega y ya tenían pretexto para esquiar de noche fuera de de la vista de sus familiares. La cena francamente buena, los polvorones--sin conexión con lo que de verdad hubiéramos deseado-- y un único pero que ahora, al cabo de los años todavía, lamento: El champán, que entonces no se conocía la denominación de cava, malo tirando a peor. No era Sidra el Gaitero, pero como si lo fuera. O así me lo pareció. Tras el baile al son de un tocadiscos o como decíamos entonces una radio con pick-up, los vanos intentos de emparejarnos a ver que podía pasar. Y palabrita del Niño Jesús, no pasó nada. Un achuchoncito por aquí, un roce de labios por allí, un vano intento de ... bueno ya te lo puedes figurar. Noche a medias, noche larga pese a ser fin de año, y el día primero de enero, sol radiante, nieve para dar y tomar, buena jornada, agujetas, y temor ante la vuelta hasta el Puerto para coger el tren de vuelta, que el día dos había clases y curro en ese enchufe que luego cambié por sueños inalcanzados. Recuerda que José Luis rompió con su moza, encontró mejor acomodo sentimental y dejó la pandilla comprando uno de los primeros seillas gracias l enchufe con el luego fué su suegro.

por Lopedesosa.
NavyTales, v.2006




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