Se asustó al oír el bip-bip del móvil.
Estaba en su trabajo, en una sala fría y ruidosa, rodeada de compañeros que realizaban tareas tan rutinarias como la suya. Mantenían conversaciones insustanciales o lanzaban comentarios al aire, con la intención de amenizar la rutina agobiante de la mañana.
Normalmente eran comentarios sobre la última serie de la televisión, de fútbol o comentarios con doble intención, casi siempre groserías soeces, aunque a veces, las menos, tenían gracia.
- Tienes otro mensaje - dijo una voz de mujer, situada justo detrás de ella. Siguió trabajando como si nada, dando la callada por respuesta, a ver si la dejaban tranquila. - Es el tercero esta mañana - insistió la voz. Otro compañero, en tono burlón, contestó: -Va a ser el amante que le propone guarrerías, ya te digo - . Se levantó, entre sonrisas de compañeros, colorada como un tomate, mirando al vació. -Voy al lavabo- anunció con un hilo de voz y desapareció de la sala. Sacó el móvil del bolsillo y miro el número. A pesar de que era el tercer mensaje de la mañana, seguía sin saber a quien correspondía el número. No se atrevía a llamar, especialmente después de haber leído los mensajes.
" Te pienso. Te deseo. Te imagino buscándome como una perra en celo y me pongo burro, muy burro. Que ganas que te tengo. Besos y achuchones.".
" Anoche me supo a poco. Hoy quiero velas, vino blanco, salmón y ver esa cara de gatita que se relame que tanto me gusta. Un beso caliente y húmedo."
Había uno de publicidad "mande PEPE al 4444 y le enviaremos el poli Pepe"
Pero eso no importaba, el resultado era que ya le habían recordado cuantos mensajes llevaba y que ya empezaban con el cachondeo. Lo que más le molestaba era que desde que se separó no tenía novio, ni ningún amigo especial. Nadie que le enviara mensajes subidos de tono. Se daba cuenta de lo sensible que estaba.
Aunque se negara a reconocerlo, se le había disparado la imaginación y se había puesto caliente. Había decidido que los mensajes los enviaba un hombre interesante, no especialmente guapo pero con un gran atractivo. Quien enviaba esos mensajes no podía ser un niñato.
Cuando salió del lavabo había tomado varias decisiones. La primera, aguantarse las ganas de volver al lavabo en la próxima media hora. No se había acordado de mear y bastante rara estaba siendo la mañana como para que además se la pasara de excursiones al lavabo.
La segunda era seguir como si nada, si hacían más comentarios respondería bromeando. Huída hacia delante, esa era la mejor manera de disimular los nervios y la calentura que le había entrado. La tercera y más importante, le llamaría en cuanto saliera del trabajo.
Pasó el resto de la mañana decidiendo que le diría. "hola, tengo un par de mensajes tuyos pero no se quién eres, ¿me puedes decir tu nombre?". Imposible. Se sentiría tan ridícula que colgaría.. "Hola, tengo una perdida tuya y no se quién eres." Tampoco. Ahora igual quien cuelga es él.
Cuando por fin llegó la hora, se paró en la primera esquina. Estaba tan nerviosa que no acertaba a sacar el móvil del bolso. Con los dedos temblorosos hizo la llamada. Después de unos segundos de espera oyó una agradable voz varonil que le decía:
-¿Sí? ¿dígame?-
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