lovetale
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- Si ella estuviese aquí ahora, sentada a mi lado, en este sofá...

Y Samuel se mueve ligeramente para hacerle un sitio a este lado, pasa la mano por el respaldo y la recoge por la cintura... ella le pide que le suelte, su contacto no le deja laborear con soltura, está haciendo, a punto de cruz, unos tapetes para poner encima de la mesa, en la cocina.

Samuel es obediente, retira la mano y agazapado en su parte de sillón echa una mirada a su entorno. Casi ha terminado el cigarro. El apartamento no está mal, en cualquier caso con una mano de pintura y algunos muebles más iría sobrado para dos enamorados como ellos, y quien sabe si en un momento dado, si Teresa, 29 años... trabajase, podrían pensar en comprarlo. Pero a él no le gustaría que trabajase, prefiere que se quede en casa, por los chicos, porque tendrían hijos ¿verdad? Relee: Teresa, 29 años.

- Mañana sin falta le llamo, todas estas cosas no las puedo decidir yo solo.

Estira el papel de periódico con los dedos, delicadamente con la uña desdobla una esquinita que se ha arrugado un poco más de la cuenta y frunce el ceño... parece ser que la decisión es determinante:

- Mañana le llamo, no podemos estar así toda la vida.

Y los hijos, por lo menos dos, él les preferiría del mismo sexo, lo de las "parejitas" no le convence mucho, le da igual chicos o chicas, el caso es que vengan bien. Lo da vueltas mientras va a la cocina a coger un vaso de agua y tomarse otro de leche antes de ir a la cama; eso implica muchísimas responsabilidades, es perfectamente consciente de ello... se da la vuelta mientras bebe y Teresa, de 29 años, de Madrid vuelve a estar ahí tambien, ha venido detrás de él para tomar medida a la mesa. Posa el vaso y la coge de la cintura, verdaderamente la desea, es superior a él eso tan femenino que emana de ella constantemente, así que la aprieta contra si, ¿es legitimo desearla tanto? ¡Están casados! Y en la refriega amorosa se cae el vaso al suelo y se rompe en mil pedazos. Están torpes, Teresa ya tiene una barriga considerable, aproximadamente en dos meses más dará a luz, su primer hijo.

- ¡Samuel, qué haces, vete ya para la cama y deja de hacer ruido! Si no fuera yo tu madre ¡me cagaría en ella!

La madre de Samuel vocifera desde su habitación, es una anciana de muy mal genio que lidia con sombras que Samuel no entiende, las veinticuatro horas del día, de todos los días de su vida.

- Lo siento madre, ya me acuesto.

Vuelve a la sala a apagar la tele, recoge lo de la caja, y la caja tambien, el anuncio de Teresa incluido, lo relee, la última vez por hoy. Echa un vistazo al número de teléfono allí apuntado, se lo sabe de memoria

- Samuel, ¡ya está bien! Apaga la luz y metete en la cama

Se apura, ni contesta, se va para su habitación directamente antes de que una tormenta de voces y reproches rompa sobre su cabeza, en realidad debería haber pasado por el baño para desahogarse, orinar y lavarse los dientes... pero no se atreve a seguir molestando a su madre, se aguantará las ganas hasta mañana mismo.

Se mete en la cama, repasa mentalmente el número de teléfono que acaba de leer en el anuncio. Toma la almohada y la pone vertical a su lado, la abraza amorosamente:

- ¡Samuel! ¡¿apagaste todas las luces?!

- ¿Apagaste todas las luces Teresa?

- Sí Samuel.

- ¡Sí mama!

- Hasta mañana mi vida.

- Hasta mañana Samuel

FIN
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