Destino del mundo
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A unos miles de kilómetros de distancia, un aire frío golpeaba a ráfagas los cristales de una oficina. Dos hombres de complexión fuerte y con el pelo muy corto repasaban todos los detalles de las órdenes que habían recibido. Deberían recoger al ingeniero español en el aeropuerto y acompañarlo hasta el hotel. Sabían que dos grupos más de su comandancia se encargarían discretamente de la escolta, por lo que ellos sólo tenían que hacerse pasar en todo momento por ejecutivos de la empresa informática Suvorov. La firma para la que Ejecutivos figuraban trabajar no era una simple tapadera, pero sus accionistas eran altos cargos del gobierno y el contrato más sustancioso que habían conseguido radicó en sustituir durante 1999 todos los equipos informáticos de cinco silos de misiles nucleares en el distrito de los Urales, a unos cientos de kilómetros de Sverdiovsk.
El problema que había tenido la empresa Suvorov era típico en la nueva Rusia. La escasez de divisas y, en su caso, la necesidad de discreción les obligó a conseguir parte de los equipos por caminos más que tortuosos. En algunos casos procedían de robos organizados por la mafia en almacenes occidentales o de material usado todavía en servicio.
Es cierto que Yeltsin había recibido subvenciones occidentales y apoyo técnico para evitar un fallo generalizado por el efecto 2000, pero en las conversaciones de desarme los americanos demostraron desconocer la existencia de esos cinco silos y los rusos, por supuesto, no se los mencionaron. Si añadimos que la guerra de Yugoslavia entorpeció todavía más las relaciones este-oeste, ahora estaban entre la espada y la pared, deseaban evitar el peligro, más no podían solicitar ayuda.
Los ingenieros de Suvorov eran buenos aunque tardaron un tiempo en construir un sistema paralelo al antiguo. Cuando terminaron y decidieron probarlo sólo faltaban tres meses para fin de año. Todo parecía funcionar bien hasta que ensayaron la fecha del 31 de diciembre. Se bloquearon los puertos de acceso externo del ordenador y apareció en las pantallas de control un mensaje que decía:
Hello! I'm Marx! It's the war!
Todos los intentos por localizar el fallo fueron infructuosos. En el argot interno de la empresa comenzó a difundirse el rumor de la llamada "venganza de Carlos Marx". Parecían tener sólo dos opciones: o mantener la vieja tecnología soviética y esperar que nada sucediese, o bien arriesgarse a usar la nueva y rezar para que aquello fuese una simple broma. Sin embargo la llegada a Moscú de un diplomático de la embajada en España les sugirió la idea de contratar a la empresa de Jefe. Conocía de oídas las hazañas de Destino-del-mundo y sabía que Jefe había sido miembro del Partido. Cuando se aprobó su idea Diplomático sólo tuvo que conectar con Militante, el viejo amigo de Jefe, que hizo de intermediario.
Cuando su avión despegó el cerebro de Destino-del-mundo estaba realmente confuso. Una parte estaba todavía dolorida por tener que abandonar a su novia; otra estaba feliz porque esperaba verla al llegar; la sección más operativa estaba en descanso pues nunca se activaba hasta que se ponía a trabajar, y el resto de sus neuronas se relajaba con ensoñaciones dichosas sobre el futuro inmediato con ella. Sin embargo, a pesar que esta división operativa de su sesera era habitual había un pero que podía ser perjudicial: por primera vez no tenía en reserva, sin usar, ningún segmento reflexivo.
Hija-del-jefe llegó a Moscú con poco retraso. Cuando recogió su equipaje ni se le pasó por la cabeza que estaba siendo observada. Quienes la miraban no eran simples admiradores de su belleza sino los miembros de Escolta-uno. Cuando ella preguntó la puerta por la que saldrían los del vuelo de Destino-del-mundo, los dos agentes decidieron no perderla de vista.
Hora y cuarto más tarde aterrizaba el avión procedente de Madrid. Ejecutivos se encargaron de evitar la aduana con nuestro protagonista y salieron por la puerta de personalidades. Al principio Hija-del-jefe no los descubrió pues estaba absorta en la otra puerta, pero al girar la cabeza un momento los vio atravesar el vestíbulo y salió corriendo en su dirección. Escolta-uno al ver que se acercaba al hombre que iba acompañado por Ejecutivos la atraparon mientras le tapaban la boca, más no pudieron evitar que se le escapase un grito. Destino-del-mundo se dio la vuelta y con gran desconcierto observó como la introducían en un despacho. Antes de que pudiera correr en su busca sus acompañantes le obligaron a subir en un taxi que les estaba esperando. Por el camino al hotel le explicaron que aquellos hombres eran agentes y que a su novia no le pasaría nada, pero que les debía haber advertido que ella le estaría esperando. Ya en la habitación hicieron una llamada telefónica y le comentaron que no podrían reunirse hasta que él acabase el trabajo, pero que sería muy bien tratada. Cuando les pareció que ya estaba más calmado le explicaron para que había sido contratado y porque era necesario no implicar en el secreto a más personas. Al día siguiente de madrugada saldrían en un avión particular hacia Sverdiovsk.
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