Confesionales
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En un mundo de gente,
nuestra máxima aspiración sería
ser más hombres que bestias.
La gran farsa sería
creer que somos hombres,
vivir todos los días,
evidenciar presencia ante todos los ojos,
como jactándonos de la inmortalidad
cinco minutos antes de la muerte.

Todos los días
Todos se ponen grises cuando llueve.
Todos se visten de color en primavera.
Todos saben volar.
Todos terminan.

Todos alguna vez me vieron,
pronto no me verán,
todos los días
se ponen grises cuando llueve.

Destierro y desentierro

Debajo y encima de la tierra yace lo inconfundible,
la poesía confesional que me perturba.

Entonces el destierro.
El abandono forzoso de la tierra.
De los primeros padres.
De la muy buena gente.
Aquí quedamos los idiotas y los necios.

Entonces desentierro,
con furia y aún así pausadamente
los poemas de mi pecho.

Me entierro y luego
Me destierro y luego
sonriendo como alguien que libre de pecado
esconde todas las piedras
espero convertirme en ángel y en demonio.
sales y mundos

para dormir cercana a la belleza,
acariciándole la nuca,
una noche y un cuento narrado por la lluvia,
y que exista el aún,
en cualquier parte,
en todo siempre,
y que vayamos a buscarnos
como satélites perdidos
como palomas ausentadas del cielo.

Corolario

Quizás esto sea el éxito:
Nadie asiste al funeral de mi último intento de escribir poesía.

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