CORTADO DESCAFEINADO, DE MÁQUINA
Textos · Eventos · 0.0

Primera, gas, soltar el embrague, acelerar despacio, incorporarse a la pista, segunda, gas a fondo, la rueda se levanta, embrague, rueda al suelo, tercera gas a fondo, entrar en La Pérgola, la larga de derechas, con la moto aún inclinada cortar un poco de gas y meter cuarta sin tocar embrague, Contrapérgola abriendo en cuarta y Pueblo Español cuarta a fondo, Sant Jordi, cortar un poco, levantar la moto y empezar a meterla hacia la izquierda, abrirse, la tapa de la alcantarilla en medio de la trazada ha mandado a muchos al hospital, cuarta medio gas, meter la moto en la curva de izquierdas y empezar a abrir, gas, despacio, pero gas, básico salir con la moto alta para poder llegar al estadio con quinta a fondo, "¿que le pasará a Quique? Nunca lo había visto así", recta de estadio, meter la cabeza en la cúpula y acelerar, acelerar, el cambio de rasante, quinta a fondo, "no pienses, joder, ahora no pienses", clavar los codos al depósito antes de salir volando y reducir a cuarta en el aire, frenar, frenar, tercera y frenar, "que raro que está Quique", meter segunda y frenar, "no pienses, coño, no pienses, el ángulo, joder, el ángulo", apurar la frenada sin perder rueda, si hay tráfico meter primera, el ángulo de izquierdas, tumbar, buscar con la mirada la salida de la curva, en cuanto se vea, abrir gas, despacio, abrir gas, levantar la moto, segunda, gas, tercera sin cortar, gas, la bajada a la Rosaleda, ceñirse al muro, gas, la farola y reducir, segunda y frenar, frenar, cuidado con la arena, Quique ha dicho que a la entrada hay arena, primera, la paella de derechas, la rodilla en el suelo, dejar pasar la moto, "¿porque no me ha dicho lo que le pasa?", dejarla pasar y abrir, abrir gas con mucho cuidado, despacio abrir gas y segunda rápido, tercera, "no pienses, no pienses", Font del Gat y estirar tercera, "que raro estaba Quique, nunca lo había visto así", Agricultura, cortar un poco sin frenar, "no pienses, no pienses", estirar tercera sin pasar el motor de vueltas, "no pienses", segunda y Teatro Griego, cuidado con Teatro Griego, segunda medio gas, tercera, el paso de peatones de Vías, suave en el paso de peatones, cortar un poco y abrir con cuidado, "no entiendo que te pasa, Quique, de verdad, no lo entiendo", cortar un poco y Guardia Urbana, gas, gas, recta de meta, cuarta, gas a fondo, boxes a la izquierda y gas, Pérgola cuarta a fondo, "de verdad no entiendo que le pasa a Quique", vigilar la temperatura, Quique decía que se calienta en la subida al estadio, gas, Contrapérgola, "que raro que está Quique", Pueblo Español, la tapa de alcantarilla, "no pienses, gas, no pienses." En boxes no entienden nada. Lleva desde la segunda vuelta rodando en 1’48, y van primeros. Le marcan en pizarra que afloje, pero parece ausente. Demasiado riesgo mantener ese ritmo yendo primeros y de noche. Cualquiera diría que es un novato. Quique, su compañero, si que comprende. Sabe que él ha visto la duda en su mirada, y está corriendo buscando respuestas. Y el miedo a una caída atraviesa el cuero del mono y se posa en su piel. ¿Cómo decirle que es el último año? Nadie lo sabe, ni tan solo su mujer. Lo ha decidido en el relevo anterior. Verse de repente, con 45, sin futuro apenas, empujando una moto sin gasolina como si fuese lo más importante en su vida. ¿Hasta cuando? ¿Un año más? ¿Dos, con suerte? Ella le lleva un café, descafeinado. Nunca ha soportado la cafeína, y jamás ha tenido sueño en unas veinticuatro horas. "Prométeme que tendrás cuidado, Quique." Las lágrimas caen, años acumulando tensión y miedos, al saber que nunca más. Se abrazan y se besan, como el primer año que ganaron en Montjuich. Se acabaron las pesadillas al llegar el verano, se acabó mirar el reloj cada minuto cincuenta y cuatro segundos durante doce horas, se acabó sobresaltarse con las prisas de un box acelerado, se acabó disimular el pánico de último beso al inicio de cada relevo, se acabó. Al fin libre del miedo de perder a su mitad. Un mecánico les interrumpe. Asoma una inmensa sonrisa entre la suciedad de su cara. "Una vuelta y relevo. No sé que bicho le ha picado, pero no ha bajado de 1’50. Primeros a cinco vueltas del segundo." Él sí sabe. Pero desconoce como continuar. En el relevo se miran. Quique se lo toma con calma. Le gustaría poder explicarse, pero sólo acierta a sonreír. "¿Quién nos lo iba a decir, eh, en la primera carrera? Fíjate, catorce años." Y su mano izquierda golpea suave la mejilla del amigo. "No los cambiaría por nada, de verdad, por nada."

Primera, gas y apenas puede oír el adiós de Quique sofocado por el estruendo de los tubos de metal. Ya no queda casi nadie en la pizzeria, pero ellos siguen ahí, desgranando posibles a los ojos que brillan con la fibra de carbono y el poliuretano. No tienen prisa, y a ella el juego le resulta divertido. Para él hace ya mucho rato que ha dejado de ser un juego. Al fin se levanta, se acerca al hombre de los cafés y ojos incendiados, y le pide un descafeinado, de máquina. El hombre lo mira y reconoce unos ojos que no saben explicarse. "¿Qué moto tienes?", pregunta. Y la siete y medio de repente vuelve a ser prestada, pero le habla de la moto que le robaron, de lo mucho que le gustan, de cómo se enamoró de ese olor y esa música con catorce, cuando se escapó de casa por primera vez para pasar la noche en el parque de Montjuich, de la recta de boxes al estadio y otra vez a bajar, que nunca se cansaba de ver pasar motos y observar trazadas y cronometrar corredores, y cómo sonaban las Ducati al pasar por Font del Gat. El hombre de los cafés tiene ahora los ojos inundados. Sale de detrás de la barra y él se fija por primera vez que cojea levemente. Lleva un pequeño álbum en las manos. Escoge una foto y se la muestra. "Él también tomaba descafeinado, sabes. Nunca entendí que pudiese aguantar tomando descafeinados." Y ahora ya recuerda dónde ha visto antes esa cara. Recuerda fotografías de esos ojos encendidos, pupilas dilatadas tras una visera; recuerda su cara sonriente en el podio, siete ocasiones, una leyenda. Recuerda también las lágrimas del accidente, del terrible accidente que nadie entendió, en el ángulo, la moto destrozada todavía con la quinta metida, ni tan solo frenó en la bajada al ángulo, todo recto contra las balas de paja, más de doscientos, decían que quizá se durmió, no se comprende, tantos años corriendo en Montjuich, no se comprende. "Quería dejarlo, sabes. Pero no sabía cómo decírmelo. No se puede correr pensando." El hombre que había nacido para ganar se gira para esconder la evidencia de un dolor que jamás podrá vencer y regresa a su refugio de cafés y rutinas. Un golpe al mango hacia la derecha, tres golpes secos al cajón de los posos, cuidar que no se caiga el filtro de metal, cargar el café, que más da cual sea el molinillo de los descafeinados, vigilar la temperatura del agua, Quique dice que se calienta subiendo al estadio, prensar lo justo, ni poco ni mucho, no pasarse de gas, abrir despacio, un cuarto de giro a la izquierda, el ángulo, frenar, frenar, "no pienses, ahora no, no pienses, el ángulo, Quique, joder, el ángulo." Repetir, esperar, repetir. Noche tras noche repitiendo gestos inútiles y esperando un relevo que jamás llegará.

De nuevo en la mesa, ella le pregunta. "Nada, nada. Que no entiende como puede haber gente que tome descafeinados."

Comentarios
No se han Publicado Comentarios.
Publicar Comentario
Inicia Sesión para Publicar un Comentario.