Locomotoro
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Debió de pensar que mi salud flaqueaba y que el regreso rápido a casa sería lo más adecuado, porque no puso ninguna objeción. Todo lo contrario, respondió con un "sí, creo que es lo mejor".

No hizo falta que le diera más explicaciones de las oportunas cuando le pedí que condujera el coche. Durante el regreso, apenas cruzamos dos o tres frases; me sentí culpable por mi comportamiento pero preferí obviar cualquier justificación. Sólo necesitaba alejarme de aquel local, de ella, de mi transitoria locura. Conforme nos acercábamos a todo aquello que formaba parte de mi cotidianidad, la calle, la plazoleta, la casa, el desasosiego que hasta hace pocos metros aún sentía fue desapareciendo. Por fin iba recuperando la paz que mi interior exigía y el resto de aquella velada empezó a transcurrir con más o menos normalidad.

Pero la imagen de aquella mujer no desapareció por completo de mi subconsciente. La vi mientras hacía el amor con Marta, fue su cuerpo el que estuvo debajo o encima del mío. La vi a la mañana siguiente mientras me duchaba. Y la volví a sentir en el lavabo de la oficina. Durante el resto de la jornada mis visiones fueron a menos, supongo que los preparativos del viaje del día siguiente no dejaron resquicio alguno en mi mente donde su imagen se pudiera acomodar. Y me alegré de ello. Como me alegró que esa noche pudiera estar completamente a solas con mi mujer y disculparme por mi comportamiento de la noche anterior.

Llegamos a Madrid a la hora prevista y en el aeropuerto nos estaban esperando dos directivos medios de Velson & Belli. La reunión era a las nueve y media de la mañana, así que nos trasladamos directamente a la sede central de la compañía. Nuestra exposición de la campaña fue concisa, ampliando detalles allí donde algún directivo así lo requirió. Todo transcurrió mejor de lo que esperábamos y apenas hubo modificaciones a la propuesta inicial. Acabada la reunión, mi jefe y yo decidimos quedarnos a comer por allí cerca y sin prisas regresar a Barcelona.

Elegimos un restaurante no muy grande, aunque sí amplio, y que a primera impresión parecía de ambiente familiar. Mientras mi jefe ocupaba una mesa yo marché al servicio y a mi regreso fue él quien acudió al lavabo. Me dispuse a encender un cigarrillo cuando un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. ¡No era posible, era ella! Cerré y abrí los ojos para cerciorarme de que aquella imagen era solo una alucinación, pero no, no lo era. Ella estaba a unos pocos metros de mí, bebiendo un café. Me dije:

-Manolo, no te pongas nervioso. Seguro que hay una explicación para todo esto. Su presencia aquí será fruto de la casualidad.

Y me contesté:

-¿Casualidad? No, no es casual que esté aquí. Y claro que ha de haber una explicación lógica. Claro que sí.

Quise resolver aquella incógnita antes de que mi jefe volviera, así que encendí el cigarro que aún sostenía con mis dedos y me tranquilicé.

-¿Quién cojones será? ¿Por qué de repente aparece en mi vida? ¿Por qué me sigue? ¡Claro, es evidente! Una investigadora privada......pero ¿por qué? Piensa Manolo, piensa. ¿Marta? ¡No! Sus celos no llegan hasta ese extremo, además no tiene motivos para ello. ¿Mi jefe? Eso es más probable, hace unas semanas me comentó que sospechaba de que alguien del equipo pasaba información a la competencia. No, tampoco puede ser. Él tiene entera confianza en mí, además, si fuera así la aparición de esta mujer en Barcelona tiene sentido......pero aquí, en Madrid no. Vine y marcharé con él. No, descartada esa idea también. Tengo que salir de dudas ya y lo mejor es coger al toro por los cuernos.

En el preciso momento que me dirigía hacia la mujer, mi jefe se presentó.

-Te veo muy ensimismado Manolo. ¿Pensando ya en los cambios que has de hacer?

Supongo que has tomado buena nota de la idea sugerida por el Sr. Blanchart.

-Disculpa Pedro, he de saludar a alguien conocido. Enseguida vuelvo.

Conforme me aproximaba a su mesa, ella fue levantado la vista hasta fijarla en mí. Me recibió con una amplia sonrisa. Me extendió la mano a modo de saludo.

-¿Quién eres? ¿Por qué me sigues? ¿Quién te envía, a quién obedeces?

No sé como aquella mujer consiguió que en un instante fugaz nuestras bocas se unieran, ni cuanto tiempo duró aquel beso. Pero lo que sí recuerdo es que fue intenso y que no quise liberarme de sus labios.

-¿Quién soy? Soy quien tu quieres; no te sigo, voy contigo. Me llamas y vengo; tú me has hecho, obedezco a tu deseo.

De aquello hace ya un año. Soy feliz con ella. Claro está, Marta no sabe nada de mi amante imaginaria. A veces se extraña cuando me ve absorto mirando hacia ningún lugar concreto y me justifica con un "pobre Manolo, trabaja demasiado". Ella no sabe que en ese momento la estoy amando.

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