Si aún quedara esperanza
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-Me temo que no me entiende, tampoco debe ser fácil, lo reconozco, es usted muy joven, enfermedad que el tiempo se encargará de curar, probablemente sin secuelas, pero no existe futuro si no está basado en una tradición sólida, y, ojo, no quiero que me interprete mal, no me refiero a la tradición como la artrosis de las ideas o la anquilosis del pensamiento, pero tampoco como la apostasía violenta de las ideas de nuestros antepasados, que una cosa es defender que los Templarios comerciaban con la plata del Yucatán en el siglo XIII y otra muy distinta negar que Colón descubrió América en el XV, o por ser más modernos, analice usted si no es relapso imperdonable y delito de lesa tradición el cambio de cierto partido político, de aquel viejo y entrañable lema "Dios-Patria-Fueros-Rey" al tan postmoderno y políticamente correcto "socialismo-autogestión-federalismo", toma nísperos.

-Me parece que sigo sin entenderle del todo. O sea, que aún tiene usted fe en el futuro, a pesar de todo.

-Si fe es creer lo que no vemos, sin duda creo en el futuro, que algún futuro ha de llegar, aunque yo ya no estaré aquí para comprobarlo, pero ¿qué es el futuro?, ¿puede entenderse sin el legado de nuestros ancestros?, el futuro, mire usted, es la juventud, y la juventud de hoy ignora por completo la educación, la urbanidad y la tradición, ya me dirá usted adónde vamos a llegar en esas condiciones.

-Pero... la juventud de hoy está mejor preparada que la de cualquier otra época histórica. No me negará que eso es una garantía muy digna de tener en cuenta.

-Una falacia, amigo mío, eso es, una pura falacia, en mis tiempos, y le ruego sea indulgente con mi memoria una vez más, cualquier muchacho de diez años sabía dónde están las Alpujarras, verbigracia, y vaya usted a preguntar ahora por esas fruslerías, no saben ni dónde está Vigo, que sólo se aprenden las capitales de las provincias, y no todas, y en los libros de historia se despachan las guerras carlistas con tres líneas y, eso sí, se dedican tres páginas completas a Felipe González.

-Me parece que exagera usted. Hoy día los sistemas educativos son absolutamente científicos, y el nivel de conocimientos de cualquier adolescente es infinitamente superior al de generaciones anteriores. Eso sin hablar del manejo de los ordenadores, de Internet, de la economía globalizada, de los derechos humanos, de la educación sexual...

-Paparruchas, manejan las máquinas, los coches, los teléfonos móviles y todos esos artilugios desde el punto y hora en que sus padres les pagan tales lujos, que si no ya veríamos lo que harían en su indolencia, pero no saben humanidades, carecen de formación histórica y filosófica, los clásicos son mera arqueología cultural, ya me entiende, aquel político que no sabe quién ganó la batalla de Lepanto, o aquel otro de la "catorceava" vez, o el de más allá, que respondió al niño que se llamaba Héctor con un rotundo "Ah, ya, un nombre bíblico", y acarició conspicuamente la cabeza del muchacho para salir en la foto, era época de campaña electoral, ya se imagina, y además, cómo van a aprender si los maestros ya no tienen autoridad, si las escuelas son una selva donde impera la ley del más fuerte y, curiosamente, el más fuerte es el alumno, y Dios le libre al maestro de dar un cachete a un crío, que cargará con dos desdichas para toda su vida, una, haber creado un trauma al tierno infante, otra, la denuncia en el juzgado de guardia, que ya puede tener un buen seguro, ese desprecio a la autoridad, amigo mío, es el presagio de la descomposición de un sistema.


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