Si aún quedara esperanza
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-Insisto en que exagera. Esa misma juventud tan denostada por usted es la que tiene fe en los derechos humanos, en la conservación del medio ambiente, la que crea y mantiene las ONGs con su voluntariado a veces preñado de incomodidades y sacrificios, la que empieza a nutrir y a renovar con su savia nueva los anquilosados "aparatos" de los partidos políticos, la que se rebela ante la injusticia y la intolerancia, ante el racismo y la xenofobia. Si lo analiza usted con espíritu abierto, llegará también a la conclusión que es la mejor juventud que la humanidad ha tenido nunca. Es nuestra única esperanza y garantía de futuro.
-¿Y qué me dice usted de las litronas, de las drogas, del renacer de grupos neonazis?, son sus jóvenes tan perfectos los que se pasan las tardes tirados a la puerta de los bares, sin nada que hacer, que en mis tiempos, y he volver a ellos, aún a su pesar, teníamos siempre algo que hacer, lo que ocurre es que ahora lo tienen todo y por eso no han de luchar por conseguir nada, no quedan ideologías, amigo mío, y eso es muy grave, todo ello es el resultado de la falta de autoridad de los padres y los maestros, el liberalismo salvaje que nos invade, la falta de respeto a la tradición y a los valores superiores de la ley y el orden social, el olvido y el menosprecio del humanismo cristiano, que ha sido piedra angular de toda la civilización occidental, estamos abocados al abismo, amigo mío, y usted no se da cuenta, usted pertenece a esa raza tan abundante hoy día de los que no quieren ver más allá de sus narices, la peor forma de ceguera que pueda padecerse.
-No, no; no se trata de eso. Siempre, en todas las épocas, se han dado casos aislados como los que usted refiere. Como dijo Mahatma Gandhi, "No debemos perder la fe en la humanidad, que es como el océano; no se ensucia porque algunas de sus gotas estén sucias". No debemos permitir que los árboles nos impidan ver el bosque. La juventud, como tal, como elemento y garantía de futuro, es ahora mejor que nunca, no le quepa la menor duda. Es posible que las nuevas generaciones vivan una profunda desorientación ante el fin de una época y el comienzo de un futuro que aparece como incierto. Pero siempre ha sido así, y siempre será así. Porque si volvemos a sus tiempos... ¿Acaso en sus tiempos era distinto? También entonces se dudaba de la capacidad de la juventud para salir adelante y continuar llevando con dignidad la llama de la civilización que habían recibido de sus mayores. ¿Acaso ustedes fueron mejores? Repase, amigo mío. Guernica, Auschwitz-Birkenau, la guerra fría, Bosnia-Herzegovina... ¿Con qué derecho le niega usted a la juventud su capacidad de futuro, partiendo de unos éxitos tan notables de las generaciones anteriores? Creo que debería meditar sobre ello.
-Es usted quien ahora coge el rábano por las hojas, que yo también podría hablarle del ecumenismo, de la Sociedad de Naciones, de los Premios Nobel, de los avances científicos sin precedentes en ninguna otra época histórica, sí, claro que han existido errores, cómo no, pero el balance es positivo, no me negará que todo lo que han recibido ustedes es el fruto del esfuerzo y el sacrificio de sus mayores, y merecemos, al menos, el respeto y el agradecimiento de las nuevas generaciones, y tenemos también derecho a ser escépticos con el futuro, que, al fin y al cabo, el escepticismo es la única forma de mantenerse vivo.
-Me parece que ahora le comprendo algo mejor. Es duro ver cómo se acerca el final y no poder estar seguro del futuro. Pero tenga confianza. Los jóvenes de hoy sabrán llevar la nave a buen puerto. Al fin y al cabo, son ustedes quienes les han educado, y estoy seguro de que no les van a defraudar. Yo creo que todo eso que dice usted se debe a que no tiene hijos. Si los tuviera, vería las cosas de otra manera, con la dosis justa de optimismo y confianza que los jóvenes merecen. Sí; estoy seguro de que habla así porque no tiene hijos.
-Será por eso...
"Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. Responden a sus padres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros". Sócrates. (469 a.C.-399 a.C.)
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