CARTA A UN MARIDO MUY OCUPADO
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- ¿Tú eres Jaime?
- ¿Tú eres Marga?
- ¡Qué casualidad!
- ¡Cuánto tiempo!
- Venga, tomemos ese café juntos. Así podremos charlar un rato.
Y eso hicimos, tomamos café y hablamos y hablamos durante horas; el tiempo pasó volando, y nos sentíamos tan bien juntos... Recordamos tantas y tantas cosas de nuestra adolescencia... porque éramos eso, unos adolescentes cuando tu apareciste y me subyugaste, cariño, haciéndome olvidar a Jaime entonces.
Le conté que me casé contigo y él también me contó que se casó con una inglesa, pero que ahora está separado. ¡Cosas que pasan!
Quedamos en llamarnos para vernos otro día, pero yo pensé que Jaime no me llamaría. ¡Y mira, me llamó! De esto hace ya casi seis meses y desde entonces, amor, te estoy engañando con Jaime, y no sabes lo feliz que soy ahora. Con Jaime he descubierto que el amor no es lo que tu me has enseñado, él es tierno y me trata con tanta dulzura que es un sueño estar con él, y es apasionado, sí, ¡no sabes cuánto! No quiero herirte contándote detalles y, por supuesto, no es cuestión de hacer comparaciones, entre otras cosas porque no hay comparación, vamos, que contigo, cariño, hacer el amor era muy aburrido, parecía un diálogo de carmelitas, siempre igual de monótono y muy frustrante. Y, por supuesto, teníamos que hacerlo únicamente los domingos por la mañana, porque es el día que estabas descansado de tu agitada vida laboral, siendo el domingo precisamente cuando a mi me apetecía descansar y poder dormir un rato más, porque yo, cariño, también trabajo mucho el resto de la semana.
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