LULÚ EN COLORES
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Arriba están los tejados de las últimas viviendas del edificio, todas de un único piso. Por encima se vislumbran las sombras de la ciudad, difuminándose con la noche, con esos puntitos luminosos que alumbran las vidas allí afuera, allí dentro. Estrellas en la tierra, que iluminan vidas, que iluminan muertes. Más arriba solo el cielo negro, precedido por esa cúpula de difusa claridad que se forma en las ciudades grandes.
3.
Me siento en la silla-cómoda y le doy sorbos al café mirando sus ojos profundos. Sus ojos son grandes y de un color extraño. Después se los maquillará, Lulú siempre se maquilla los ojos. De cobrizo, de naranja, de violeta. Desde allí atrás su mirada es directa y desconcertante. Me resulta difícil sostenerla. Se me clava como alfileres mientras una gota de café resbala por la lisa superficie del vaso.
--Me gusta esta canción...
Canturrea Where is my mind mientras se viste, no conozco la canción pero me gusta. Lulú no canta muy bien. Dice que esa canción le da ánimos para salir, yo entiendo que la anima a prepararse a salir: a vestirse, a maquillarse. Entiendo que quiera salir, yo voy a salir con ella. Iremos a las calles de bares estrechos y llenos, a beber whisky en la acera. Después encontrará a gente conocida y se perderá en la noche repleta, confusa, multitudinaria. La noche para Lulú es como el esperma que da la vida. Para mí también lo es, en eso coincidimos plenamente. Pero yo no conozco su vida. Soy novato en esto y me muevo por el subsuelo. Ella es grande y quiere llevar su grandeza a una posición más elevada, encauzar su vida hacia algo provechoso. Ella tiene edad para deprimirse, o desear sentir, o hacer sentir; quiere verse y ser vista, saberse existente. Tiene edad para irse con amigos --esa gente-- o con quien quiera, para desaparecer en la niebla junto al río, en las mañanas de churros y cervezas, en las noches de castañeras. Lulú tiene edad para desaparecer en la noche multitudinaria. Tiene la edad que yo quiera.
4.
--Hazte un canuto y nos vamos fuera.
Apoyo los codos en el mantel de lana, cruje la camilla-mesa. 'Fuera' es la terraza con baranda verde metálica. Está delante de la casa-habitación, por el lado de la ventana de la cocina-baño, sobre el patio interior. Me acuerdo de aquella noche de fuegos artificiales en la terraza. Lulú y yo apoyados en la baranda, con la espalda vuelta hacia el patio. Lulú y yo hablando entre sorbos a vasos de plástico. Su indiferencia hacia mi observarle su perfil brusco. La explosión de luces allá arriba, en sus ojos. Hubiera sido torpe besarla aquella noche. Demasiado romántico o demasiado ingénuo, nunca hubiera parecido sincero, nunca hubiera sido justo. Nunca besé a Lulú, nunca deseé besarla.
Aquella no fue una noche de whisky en la acera, no fue una noche multitudinaria. Fue una noche nuestra, la única. Una noche de palabras, de comentar, de charlar, una noche de risas entre dos, sólo los dos. Fue la noche en que conocí su mente. La noche en que me habló de su vida.
--Una vez dormí aquí, en la terraza.
--¿Sí?
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