TRES TIAS y CUATRO SOBRINOS
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Tres sepultureros cavaban y trabajaban en el entierro del primo Paquito: uno alto, otro bajo y el tercero ni lo uno ni lo otro. Tres sepultureros cavaban las sepulturas.

El alto parecía Superman y medía más de dos metros; el bajo parecía Pulgarcito y medía menos de uno cincuenta y el tercero parecía un señor cualquiera de una altura indeterminada. Cavaban las sepulturas tres sepultureros en "el Entierro" de su primo Paquito -él de Paula-, cuando Mateíto vio al sepulturero alto que dejaba a sus tías unas flores enormes, hermosas y multicolores para que las arrojaran dentro de la fosa.

-Tío Javi. ¡Yo quiero flores grandes!

-Cállate Mateo -contestó su tío-. Y pórtate bien, como Merceditas, como Guadalupe, como Gemita, ¡cómo todos!

-Pues yo quiero flores -repitió el niño.

Y dicho y hecho, Mateo se puso a romper, a destrozar flores como él quería, del ramo que el sepulturero gigante había dejado a las hermanas de su padre y de su madre. Las tías miraban al infantil Mateo y sonreían; entre ellas se decían:

-Es guapito. ¡Qué rubio! ¡Qué majo! ¡Qué travieso! ¡Cómo alborota Mateíto en la Capilla los domingos y ahora aquí! Y mientras tanto Mateo -no le gustaba que le llamasen Mateíto, Mateín u otro diminutivo-, espachurró y rompió todas, absolutamente todas las flores; aunque su tío Francisco Javier le regaño, y encima le dijo que no eran flores, sino algo así como lisos, liras, o lirones; al final recordó, se llamaban lirios las flores azules, moradas y blancas.

Ni caso, él quería más y ni corto ni perezoso le dijo al sepulturero alto que trajera otro ramo. El mencionado gigantón ni se inmuto, o era sordo o los casi dos metros de diferencia de altura se notaban y la demanda del niño no llegaba a sus orejas. Pero... pasó otro sepulturero que estaba al otro extremo, contrario al anterior, y era el bajito, casi de su tamaño, como el niño. Mateo le pilló de una manga y le espetó:

-¡Oye sepulturero! ¡Quiero otro manojo de flores!

Sólo le faltó decir ¡esclavo!, como hubiese dicho su abuelo en la Cuba anterior al 1898 o recluta como hubiese dicho su padre en el CIR número 4. El pequeño sepulturero, de físico parecido al "showman Galindo de Crónicas Marcianas", le sonrió y como era un buen mandado, le trajo otro ramillete bien completo de flores variadas. Y luego otro, otro y otro ramo que el niño manoseo y destrozo. Mientras, el tío Paco Javi que le vigilaba de cerca, intentó que no se moviera de la fila familiar del pésame. Pero ni caso, y encima el sufrido tío iba a quedar como un ogro execrable delante de las tías Rosalía, María y de su adorada tía-prima Lauría, a la que después cortejaría.

* * *

Llegó la noche y Mateito se fue a dormir. Sonaron las doce campanadas de medianoche en el reloj del Ayuntamiento y retumbaron lentamente y pausadamente como llamadas a muerto y entonces Mateo se despertó sobresaltado; oía aullidos de lobos y también gemidos llorosos distantes de almas en pena. Los relámpagos de una tormenta próxima se reflejaban en la "Laguna" del pueblo e iluminaban su oscuro cuarto a intervalos extraños. Fuera llovía fuertemente y el agua tumbaba la alta hierba del prado cercano. El niño se asomó a la ventana y cual fue su sorpresa cuando vio en el jardín próximo a su casa, como salían andando del fondo de la tierra unos seres extraños, erguidos, brillantes por el reflejo de los rayos en su piel mojada fluorescente. La neblina y la lluvia no le permitía ver bien a esas criaturas.

A sus oídos llegaba una algarabía producida por graznidos de unos cuervos cercanos, por los truenos de la tormenta y por el ruido producido de los propios seres saltando en la arena; entonces Mateo temblando de miedo vio algo... Algo que se quedó grabado en su memoria para siempre, y era... era... pues algo relativamente... bastante especial, para que engañar a ese lector o lectora que tiene la paciencia y gusto de leernos, era...

-¿Qué vio entonces?

-¿Quiénes eran?

-¿Eran muertos vivientes?

-¿Eran serpientes?


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