TRES TIAS y CUATRO SOBRINOS
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-¿Eran agentes enemigos que bajaban de una nave y que querían llevarse toda la miel de La Alcarria?
-¿Eran contrabandistas de algo más que tabaco?
Eran... bueno... ya sin tapujos maquiavélicos, lo cuento. Aquellos seres con forma de la letra S, eran enormes flores, por supuesto grandes.
¿Lo adivinaste lector/lectora amig@? Como diría un sibarita entendido de Guadalajara, eran las flores ganadoras del Concurso Floral de Castilla La Mancha.
Entonces las superlativas flores multicolores y hermosas que andaban dando saltitos, se acercaron a su casa, comandadas por un gran lirio con una G dorada en el pecho. Se oyó un golpe seco de la aldaba. Sonó el chirrido de la puerta de entrada. Luego se oyeron unos ruidos tenebrosos al pisar alguien los peldaños de la escalera, después subieron unos fuertes olores al desvaído dormitorio y de repente se abrió la puerta de su habitación. Mateillo estaba en su cama, temblando, tapado con su edredón; miró para ver quién abría la puerta, y vio un magno lirio, de por lo menos dos metros y cincuenta centímetros de alto y con cierta cara de persona. Al niño Mateo aquella cara le resultaba familiar y le era conocida de la "tele". Entonces en ese momento trágico El Superlativo Capullo empezó a hablar al mismo tiempo con voz chillona y grave:
-Soy la Gran Flor de Interflora.
Las palabras retumbaron en los negros techos produciendo un eco de tumba vacía.
Se hizo un largo silencio, y luego Mateo muy farruco contestó:
-¿Y qué quieres?
-Espachurrarte.
-¿Y qué vas a hacer conmigo? -insistió el niño Mateo.
-¡Hacerte lo que hiciste a nuestros hermanos y hermanas en el entierro de tu primo Paquito! -replicó el Gran Lirio-. ¡Enterrarte vivo! ¡Ja, ja, ja!
* * *
Se hizo de día, la tormenta había cesado y el sol apareció por el horizonte reflejándose en el dorado campo. Todo aparecía en calma y sosiego. Mateo se desperezó estirando los brazos, y al abrir los ojos, vio a un palmo de su cara el rostro furibundo del Gran Lirio.
Entonces se escondió rápidamente debajo de las sábanas y quedó paralizado, quieto y helado. Se puso a escuchar unas voces, y el niño creía provenían de las Flores Vengadoras.
-No se preocupe. Este niño lo que tiene es una gran alergia. Paréceme, que ha sido de polen. Ya dijome mi hermano, el sepulturero del cementerio civil, que había jugado con siete ramos y tres coronas de flores, el niño, él sólito.
-¿Qué hago entonces, Doctor?
-Dele este jarabe y estas pastillas de Alergisín y se le pasará todo en unos días.
Mientras oía esas palabras, el niño Mateo empezo a temblar y a convulsionarse al ver salir florecitas del maletín y del pelo del Doctor Florentino López de Atienza.
EPILOGO - Desde entonces Mateo odió todo lo que tuviese algún parecido a las flores, incluso no podía oler ni una flor de plástico amarilla, "aunque la trajese su querida tía Rosalía", como comentaba él siempre. Pasaron unos veinte años de aquello y... pero esa es historia de otro cuento, e incluso continuando nos podríamos encontrar con una "novelita terrorífico-cómica-cf" titulada TRES TIAS y CUATRO SOBRINOS, por aquello de la cantidad y calidad de los personajes protagonistas.
* * * * *
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