TEORÍA DEL POSAMIENTO DE LA MOSCA
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“Alegría enormísima de la mosca.”
Julio Cortázar.

Influye también el tener veinte años y no saber lo que se quiere, el andar disparado por la vida con no demasiado convencimiento en las propias posibilidades (si es que alguien con esta anatomía temprana sabe hacia adónde apuntar su potencial). Al fin y al cabo son pocos años, ése es el consuelo. Empezó a amar a los quince y a pensar sin darse cuenta; a no creer en Dios meses antes de que muriera su mejor amigo. Ser escéptico no es tan raro.

Así que a lo mejor por eso no le dice a ella, me gustas. Me gustas. Porque se ve dándose a ella como una manzana. Y ahora llora, no está contento, acostumbrado al asco que le provocan sus propios gestos, le es imposible darse. Intenta ensayarse en el espejo. No tiene sentido regalarle una manzana podrida, una manzana con gusano. Así se ve, y el único consuelo que tiene es el de ser joven. Y tener un peinado demasiado de niño y una ropa muy poco de joven rebelde. Si al menos tuviera convicciones. Tal vez ni siquiera le guste la chica.

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Se imagina conversaciones a veces. Hablándole a ella suave. Mezcla. Frases.

"El mundo es tan estúpido como que intenta explicar a niños de quince años la teoría del eterno retorno, cuando ellos aún no cerraron el primer círculo."

"Vendrá la muerte y tendrá tus ojos." Plagio.

"Ya no nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Somos árboles. Tú más, que pasas el día en la uni. Nosotros no queríamos venir aquí: somos plantados, y nos dicen: quédate aquí quieto unos años. Preescolar, primaria, secundaria... nos están trasplantando y dicen: quédate aquí quieto unos años. Tú encima coges apuntes. Produces miles de millones de folios por vida."

"Eres la enfermedad y eres el remedio." Oído en una película.

"Te invito a los autos de choche. Soy el mejor conductor del planeta". Sonrisa.

Antes que todo suceda y después de que en su mente todo haya sucedido: ll ora. Ya piensa sarcástico en que esto de las lágrimas es deporte nacional, espíritu olímpico. Veinte años y tan estúpidas ideas. Sabe que no se atreverá a apuntar sus ojos a los ojos de ella. En primavera desviará la mirada a los pliegues de su falda; en invierno jugará con la bola que hizo de los guantes. Fumará para ocultar los gestos y la boca entreabierta de pez, para que ella no vea cómo es su cara cuando no está fumando. Si por lo menos pudiera cogerla de la mano y saber algo, tan sólo una pequeña percepción, una señal que le avise de lo que tiene que decirle mañana.

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Intento de evasión.

Y nada es lo suficientemente importante como para seguir con ello. Camus dejó que un amigo le hablara sin mucha atención y aquello tuvo como consecuencia una muerte. No es gran cosa la muerte. El mundo está lleno de muertos. El amigo de Albert Camus seguramente estará muerto ahora. Y si no, tal vez no.

Un gesto sin importancia, una persona decisiva para él, que lee libros de Albert Camus. La tristeza de ese gesto, de convertirse en oh sorpresa literatura. Si estuviera vivo el amigo de Albert Camus y le conociera, su gesto no valdría nada más que el dar a conocer que él y no otro era el amigo de Albert Camus. Nada de su vida. Le preguntaría qué aficiones tenía el escritor, qué comía, qué gestos utilizaba con sus amigos.


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