Ausencia, vuelta y...
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Y pasa un tornado por mi lado que casi me tira al suelo: una presurosa muchacha bajando las escaleras de tres en tres. Aparenta ser muy joven, con el cabello alborotado que le da un toque de informalidad, la cual se transforma en descuido en cuanto a su ropa: pantalón y blusa amplios, estilo 'grunge'. Eso sí, sus ojos son fantásticos, de un verde naturaleza algo salvaje. Me mira con indiferencia, esa indiferencia tan típica de los adolescentes, como queriendo decirme: "Nunca te interpongas en mi paso".

-Mira Corina, tenemos visita -le advierte Cyrano.

-Ah, ¿qué tal? -me saluda ella, levantando la mano a lo indio.

Por mi parte le planto un beso en la mejilla, y poco más, pues se marcha corriendo, disculpándose porque llega tarde a no sé donde.

Esa era Corina -me comenta Cyrano-. Una chica estupenda, y muy comprometida también. Dedica su poco tiempo libre a causas humanitarias, ya sabes, pertenece a una "ONG".

Hace tiempo conocí a alguien parecido, precisamente aquí. ¿Qué sería de ella?

-"Toc, toc" -Cyrano golpea una puerta del primer piso-. ¿Se puede? -la puerta está entreabierta-. Ya verás -me dice-, te voy a presentar a alguien curioso -y se introduce como Pedro por su casa. Yo no me atrevo a tanto, a lo que me quedo bajo el dintel.

Por lo que se ve el apartamento es coqueto. Pequeño, pero muy bien decorado. Tapizan las paredes diversos cuadros; por el trazo de la pincelada se nota ahí la mano de un apasionado, abundan los colores y los motivos alegres.

Sale Cyrano acompañado de una mujer algo entrada en años, se le nota en las canas del pelo mal disimuladas bajo el tinte.

-Hola -me saluda la susodicha-. Estaba arreglándome para salir cuando apareció de repente este energúmeno. Casi me desmayo del susto.

-Eh, no deberías dejar la puerta abierta -se disculpa Cyrano.

-El día que tenga que atrancar la puerta de mi casa, abandonaré este lugar para siempre.

-No debieras ser tan confiada. ¿A que sí? -pide mi opinión.

Recuerdo que igualmente yo jamás cerraba la puerta. Estaba tan seguro... Ahora añoro aquella seguridad.

-Pues... -dudo que decir-. No sé. Pero nunca abandones el Patio, te arrepentirías.

-¡Ja!, se ve que no conoces quien vive aquí. Fíjate en este impresentable si no.

-Te voy a dar... -Cyrano levanta la mano en ademán de pegarle, pero sonriendo.

-¡Ostras!, que tengo que ir a currar y me pilláis entremedias -se lamenta ella-. No como éste -y me señala a Cyrano-, que pretende vivir del cuento.

-Sí, del cuento, de la novela y demás, como escritor que soy.

-¡Bah!, de eso no se puede vivir -dice la mujer con cierta pena en el rostro-. No todavía.

Hmmm... eso me recuerda cierta discusión, no muy lejos de aquí, pero atrás en el tiempo. El mismo tema. Parece no haber cambiado nada.

-Y como este tonto no me presenta, lo hago yo misma. Lucía, escritora y pintora, ¿y tú?

-Dígamos que... alguien sin importancia.

-Je, je -se ríe Cyrano-. Yo creo que es un espía, o algo así. Eso de no querer decir su nombre...

-No importa -arguye ella-. Aquí no importa. Ni quien eres, o lo que fuiste alguna vez. Aquí eres tu mismo, aun con postizos o disfraces, siempre sale a relucir la verdadera esencia de uno, para bien o para mal.

-Eso es cierto -asegura Cyrano. Pero, querida, él ya lo sabe. Vivió aquí, hace mucho tiempo, antes que tú y que yo.

-¿Cómo? ¿Sí? -se emociona toda, abriendo los ojos como platos. ¿Y como era esto? ¿Quién había? Ay, tengo tantas preguntas que hacerte.

-¿Pero no tenías prisa? -le recuerda Cyrano-. Anda, vete, que como llegues tarde... Eres una preguntona incorregible. Ya te contaré yo, ya.


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