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- ¡Que pase el siguiente!
El estudiante de cuarto curso de ingeniería universal se levantó
sobresaltado. En el corto camino hasta la puerta del despacho del profesor
intentó calmarse. «Es un hueso duro de roer, pero no me va a comer; así que
tranquilo».
El despacho parecía enorme, casi tanto por la rigurosa y sobria decoración
de la sala como por sus dimensiones. Los pasos resonaban claros, casi
escandalosos en un silencio que parecía irreal. Al fondo esperaba un hombre
de mediana edad, cuidadosamente afeitado. Parecía ocupado manejando un cubo
de datos. Cuando llegó a la altura del hombre, éste, sin volverse a mirarlo,
dijo:
- Puede sentarse ahí si lo desea.
El estudiante estuvo a punto de obedecer, pero miró la silla y pensó que
dar al profesor esa diferencia de altura nada más empezar era demasiado
ceder. Con un gesto nervioso se ajustó las gafas y respondió con la voz más
firme y clara que pudo:
- No, gracias, prefiero estar de pie.
El profesor dejó el cubo de datos en la mesa y clavó la mirada en el
estudiante examinándolo detenidamente. Al cabo de un interminable minuto, el
profesor volvió su atención al cubo de datos. Sin mirar de nuevo al alumno
le dijo:
- Bien, usted ha venido a entregar un trabajo ¿No? ¿A qué está esperando?
El estudiante, delató su nerviosismo volviéndose a ajustar las gafas.
Hurgando en su mochila extrajo una pequeña cajita metálica en forma de
esfera y la depositó en la mesa. El profesor, tras examinarla un breve
instante, dió un gruñido de aprobación. Una pequeña portezuela se abrió en
un módulo al lado de la mesa y allí introdujo la esfera.
Tras unos breves instantes el espacio de la sala fluctuó y fue cambiando
lentamente hasta que desapareció todo rastro de la decoración. Sólo el
profesor y el alumno seguían igual. Ahora eran dos figuras suspendidas en el
vacío, rodeados de un universo cuajado de galaxias allá donde miraran.
- Este, es su trabajo, joven. Vamos a echar un vistazo.
Profesor y alumno visitaron un buen puñado de mundos en distintos grados
de civilización, vieron estallar unas cuantas supernovas, observaron la
increible velocidad de los cuasares, admiraron el espectáculo de las
estrellas binarias. Cuando vieron el primer agujero negro, el profesor dijo
contento: «Este universo es bastante simple en su formulación pero ofrece
una buena diversidad de fenómenos y formas de vida, enhorabuena por el
trabajo» El alumno sonrió satisfecho y aliviado.
Tras una visita al mundo de los dentritas (una inteligencia mineral que
vivía en un planeta masivo) el
profesor parecía satisfecho.
Sin embargo, para consternación del alumno, el profesor a punto de dar por
finalizado el examen detectó un pequeño objeto que parecía navegar a la
deriva en una de las galaxias.
- Esto parece interesante, procede de una civilización que no hemos visto
aún, me parece.
- Si, señor -respondió el alumno azorado- se trata de un pequeño experimento
fallido. Me temo que fui demasiado ambicioso en mis pretensiones. Intenté
desarrollar una especie de tipo A.
El profesor miró con desaprobación al alumno. Y tras un incómodo silencio
dijo con voz gélida:
- Supongo que sabe usted perfectamente que intentar desarrollar una especie
de tipo A en este trabajo estaba expresamente prohibido. Para llevar a buen
término un universo que contenga esa especie son necesarios conocimientos
avanzados de décimo grado y aún así la probabilidad de éxito es de una entre
diez. Usted es un estudiante de cuarto grado... ¿Qué quería demostrar?
El estudiante tragó saliva y dijo con un hilo de voz...
- Se me ocurrió que podía aplicar técnicas de guiado...
El profesor le interrumpió bruscamente. Parecía seriamente enfadado.
- ¡Cómo! ¿Me está diciendo que ha intervenido personalmente en la evolución
de una especie? ¡Esto ya es demasiado! ¿Se da cuenta de que ha violado una
norma por la que podría ser expulsado de estos estudios?
El estudiante, cabizbajo, encajó la reprimenda en silencio. Tras unos
minutos que se hicieron eternos, el profesor dijo con voz algo más calmada
aunque manteniendo un tono despectivo y frío:
- Supongo que habrá llevado un diario de anotaciones de su experimento. Voy
a estudiar su caso y veré
que hago con usted. Salga un momento y espere a que le llame de nuevo.
En el fondo de estrellas se dibujó la puerta del despacho. El estudiante,
tras entregar al profesor un pequeño rectángulo cristalino, se retiró en
silencio consciente de que todo lo que dijera no contribuiría mas que a
agravar su situación.
Una vez a solas, el profesor apagó la proyección holográfica e introdujo
el rectángulo cristalino en una ranura lectora. La sala volvió a cambiar
convirtiéndose en algo que recordaba a un taller. Un muchacho delgado
comenzó a hablar.
Día 1
«Después de darle muchas vueltas he decidido llevar a cabo el proyecto
Llave. En líneas generales se trata de crear una especie lo más parecida
posible a la mia propia y colocarla en el proyecto de ingeniería de fin de
curso para intentar estudiar la dinámica evolutiva de las especies de tipo
A. He discutido mucho la teoría con mi compañero Satán. Él afirma que los
individuos de nuestra especie son intrínsecamente malvados y egoístas. Yo,
por supuesto, afirmo lo contrario.»
El Examen
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