AULLIDO
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- Vale –contestó sin dirigirle la mirada con la vista fija en la pared como
si llevara orejeras.
-Pero bueno... ¿te gusta o no mi cuarto?
-Sí -dijo escuetamente. Yo no tengo un cuarto como éste ...-añadió con voz
casi inaudible
-¿Qué miras tanto?
-Los pósters.... -contestó con la cabeza baja .
- Pero bueno qué coño te pasa ...
-Nada -le contestó zafándose de su brazo.
-A ti te pasa algo...
-Nada , que no me pasa nada... sólo que me quiero ir...
-¿Cómo que te quieres ir?
-Sí, me voy ahora ...-y levantándose ,nervioso, hizo ademán de marcharse.
-¡No jodas, Asier! ¡No te vayas porfa! ... -Asier se volvió a sentar en la
cama como un muñeco al que se hubieran agotado las pilas.
-Es que yo no ... nunca ... yo no he ...
-¡Ah! Es eso...–le dijo Fidel acariciándole el pelo suavemente- Estáte
tranquilo, no pasará nada que tú no quieras.
-¿Sabes? Te mentí el otro día cuando nos conocimos. Ví que tú eras tan guapo
y yo valgo tan poca cosa que pensé que si te decía la verdad pasarías de
mí –se echó a llorar y así estuvo un buen rato hasta que se secó los mocos
con la mano-, desde siempre me gustan los chicos... y sufro porque si se
enteran me llamarían maricón y yo no quiero que me llamen maricón ... -e
instintivamente puso su cara en el pecho de Fidel y siguió llorando entre
hipos mientras su cuerpo, tierno, se convulsionaba temblando.
-Oye, Fidel...
-Sí, dime...-le contestó mientras continuaba acariciándole su pelo negro y
liso.
-Es una suerte que te haya conocido a ti ... y no a una de esas mariconas
que hay por ahí....-le dijo mirándolo sin pestañear con aquellos dos
puntitos ahora más pequeños y húmedos, mientras volvía a sumergir su nariz
en el pecho de Fidel, que le cogió la cabeza entre sus manos y la apartó
para secarle con sus dedos las mejillas y besarle.
Al cabo de unos minutos, se acariciaban desnudos sobre la cama. Asier como
un niño acurrucó su cuerpo, frágil y menudo, en los brazos de Fidel
sintiendo su calor. Después le puso un condón en el miembro erecto y,
dándose la vuelta, cerró sus ojos diminutos mientras Leonard Cohen cantaba
Suzanne en el radiocasete.
Al filo de las siete y media se despedían en el Boulevard."El viernes a la
misma hora, donde el estanque".
El bus lleno, como una lata de sardinas, dejaba a la izquierda el quiosco de
la música y Asier, con la frente pegada al cristal, miraba con sus ojitos
negros la espalda de Fidel que cruzaba la carretera.
Fidel giró la cabeza para ver como se alejaba el bus. Cuando la volvió
únicamente vio una moto que a gran velocidad se le venía encima y luego ya
no sintió nada.
Todo el bus fue un lamento. Asier se quedó como una estatua de sal, mudo y
quieto, taladrando el cristal con sus ojos petrificados.
-Parece que ha muerto-dijo un señor.
-Pobre muchacho– exclamó una mujer.
Asier sintió temblores fríos. A su mente vino el recuerdo del calor de su
cuerpecillo desnudo estrujándose entre los brazos de Fidel. Todos en el bus
guardaban un silencio sepulcral.
De repente el aire quedó cortado de cuajo por un aullido de Asier salido de
sus entrañas. Todas las miradas se clavaron en él.
Comentarios
Fw, fantástico. Un final un poc triste, pero con gusto.
Gracias, MJ. Este cuento formó parte de un concurso de relatos y poemas llevado a cabo hace años por los miembros del grupo de Usenet es.humanidades.literatura. No recuerdo si este cuento, en concreto, recibió algún galardón (tampoco creo que importe). Apenas he participado en alguna edición del Amadís de Gaula (el certamen que te comento), pero en ésta, precisamente, pues si lo hice bajo el seudónimo de A.F.
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