Manhattan theme
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El Río Hudson recibe
Los ecos del alarido
Da gracias al Olimpo
Por librarle de esa peste
Y lo traga entre sus fauces
Con la ayuda de Perseo
Clava la daga en la espalda
Un coral su cuello anclado
Al rasgado y putrefacto
De la parricida Gorgona.
Libre al fin, Perseo
Con la urgencia del deseo
Afila la lengua y tararea
Sin culpa, sin miedo,
La canción de las tabernas.
En el sórdido Bronx reside
La perenne mancillada
Que al sentir la puerta tiembla
Como el pájaro aterido
Como la pupila desgastada
Su terror deviene en pasmo
Perseo sonríe con la sangre en el atuendo
Andrómeda rasga el gesto
Incapaz de ser libre
Anhela los golpes, las propinas, las vejaciones.
Perseo hiela la mirada
Andrómeda no lo ama
El guerrero se lanza por Brooklyn
A enmendar su deterioro con la daga.
¿Qué más he de hacer?
Cansado de empuñar un arma
Años de sádicos degüellos
Perseo, exhausto, vigila a Andrómeda
Que sentada en la ventana
Del piso treinta y seis
Mira a la mar.
Maldice Perseo y sube.
Como un cuadro de Goya
El terror vuelve al rostro de la musa
Al ver la mano izada de Perseo.
Y con él el amor añorado,
La calma, la vida.
Perseo agoniza
Por su herida escapa la vida
A borbotones de desgaja.
Sufre para ser amado.
Violencia frente a anhelo.
Desiste.
Andrómeda clava un punzón de hielo en su garganta.
Después se arroja, envuelta en la desidia y el rencor,
Contra quien no pudo salvarla.
En la morgue Perseo y Andrómeda
Yacen bajo sábanas de estraza.
No estaba escrito en Manhattan
El nombre amable de Micenas.
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