QUEDA VEDADO PENSAR LOS VIERNES
Hoy es viernes y los viernes, por disposición de mi abuelo Arcamuz de Lovogreva -hoy de rozagantes 147 años- los miembros de mi familia tenemos prohibido pensar. Los demás días sí podemos hacerlo pero sólo entre las 7 y las 10 de la mañana y/o de 20 a 23 hs. Sin embargo, como yo duermo hasta las 12 hs., en mi caso solo pienso de sábado a jueves al anochecer, excepto los lunes, porque ese día, y a esas horas , yo concurro, al "Club de los Once", ultimo bastión donde aún se juega al Tute Cabrero, previa palpaciòn de armas- en una asociación que en principio es sin fines de lucro, donde se sirve locro a la hora que sea.
El "Club de los once", ahora dedicado a juegos de salón, data de 1935 cuando yo y un grupo de niños asistentes al Colegio Normal Acosta comenzamos a jugar fútbol en los campeonatos "Elpidio Gonzalez" organizados por una señora de campanillas que fuera amiga íntima y secreta de don Hipólto Irigoyen, dicho esto parcamente y sin entrar en detalles escabrosos. Digamos al pasar que en el campeonato de 1942 nuestro equipo salió tercero y si no lo ganamos fue porque el día de la premiación el Organizador del torneo, que era padre de un grandullón que jugaba en "Once voluntades" -que venía segundo a cinco puntos nuestros- nos castigó con una quita de seis puntos alegando que nuestro capitán, en el referido acto, eructó justo delante del cuadro del Presidente de la Republica, que era un viejo inútil y presuntuoso, con lo que automáticamente "Once voluntades" se llevó la Copa que, para decir verdad, era una verdadera porquería.
Bueno, volviendo a la narración, la cosa es que todos los miembros del "Club de los Once" fuimos creciendo sin dejar el noble deporte del balompié (y a veces no tan noble, del codazo en las costillas) manteniendo el nombre original del equipo, pese a que de los once del principio quedábamos sólo diez porque a Logofredo Crapulossi, nuestro arquero, lo atropelló un tranvía de la línea 31 justo al medio de la cuadra, pero a la altura de la cabeza, con consecuencias luctuosas, como solían decir en aquel etonces los diarios en la sección "Policiales". A Crapulossi le mandamos hacer una hermosa lápida en lapislázuli azul en la que Paramecio Lugones, que decía que era poeta, había escrito: "La vida es una gran vía, lástima que vos no miraste al costado". Y digo "decía", con el verbo en pasado, por el pisado, porque a nuestro capitán se le antojó enterrar a Crapulossi en una canchita que había a la altura de la calle Cerrito al 300, en la vereda de los impares, por lo que, cuando agrandaron la calle Cerrito para convertirla en la Avenida 9 de julio tuvimos que guardar la lápida con la inscripción en lapislázuli azul en un cofre que vaya a saber dónde quedó y cada vez que alguno de nosotros pasa por el lugar arroja una rosa, salvo José Pedroza, el wing derecho que, como la mujer se llama Ana, en vez de una rosa tira una cáscara de banana.
Con lo que, por irme por las ramas, quedé como Tarzán en París, pasmado y sin saber qué hacer, ni a donde ir, olvidado de para qué vine a este lugar, por lo que inicio la retirada silbando un bolero con cara de Inspector de la Municipalidad haciendo la vista gorda frente a un embarque de marihuana para Madrid.
© Pacoz
Queda vedado pensar los viernes
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Comentarios
me gustó el comienzo pacoz, al final.. pues tu te lo dices todo, campeón
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