El desierto
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Arriba veo, un hombre en un mástil
Pedro el Ermitaño, o San Antonio
Mi camino encendido
terminó hace poco
cual procesión religiosa
y herida de crucifixión que toco
espero la víbora que me saque del lodo
espero la muerte en el eriazo solo
la sed me ha ganado
el hambre no tiene coto
Mis fuerzas se agotan en la soledumbre
mi hálito final está cerca
la estepa me hace su hijo
y me fundo en su seno
como un Ícaro roto
Cuando no veo salida, hay una luz al fondo
una sombra se acerca, lento, poco a poco
un beduino envuelto, cubierto el rostro
me toma la mano, y me da un sorbo
Mis fuerzas regresan, en la tienda reposo
sobre alfombras persas, allí me mejoro
dátiles y miel, leche y cuidados
hacen de mí pobre, un nuevo devoto
Mis sienes palpitan, mi sangre rebroto
de cuidados que me dio el moro
ahora ya vivo, ahora ya duermo
me siento de regreso en el valle rocalloso
De Oran a Fez a Casablanca, de Marrakech al Sahara
encontré mi camino aleatorio
ahora yo erro, con los nómades del morro
hago de pro, y sin alboroto
tengo mi dicha, mis camellos, mi toldo
y alguien que me espera, siempre en mi soto.
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